Mi hijo mayor tiene 9 años, es un niño sensible, tranquilo, algo tímido pero muy majo. Este año por primera vez, decidimos apuntarle a un campamento de una semana en la sierra. Sus dos mejores amigos del cole van también así que pensamos que era la oportunidad perfecta para que se soltara un poco, ganara autonomía y viviera su primera aventura sin nosotros.
Los meses antes del campamento estuvo un poco nervioso pero ilusionado. El domingo le llevé yo, se despidió con una sonrisa nerviosa y un abrazo largo.
Ayer por la tarde me llamó desde un número que no conocía. Era el móvil de una monitora. Cogí el teléfono y escuché a mi hijo llorando. Me dijo entre hipidos que quería volver a casa, que no le gustaba nada, que sus amigos se habían juntado con otros niños y él estaba solo, que la noche anterior no había podido dormir de miedo, que quería estar conmigo. La monitora se puso al teléfono y me dijo con mucha calma, que había tenido un mal día, que estas cosas pasan al principio, que estaban intentando animarle y que si podíamos hablarlo entre los adultos antes de tomar una decisión.
Colgué el teléfono con las manos temblando. Le llamé a mi marido y le conté. Su reacción fue distinta a la mía. Me dijo que ni de coña iba a por él. Que este niño necesita aprender a aguantar. Que si va a por él ahora le estamos enseñando que cuando algo se pone feo mamá viene a rescatarle, y que eso a los 9 años puede parecer una tontería pero a los 15 va a ser un desastre.
Y aquí es donde me está partiendo el corazón. Porque una parte de mí sabe que mi marido tiene parte de razón. Que la resiliencia se construye pasando cosas incómodas y aguantando. Que si voy a por él le transmito que confío en que no puede solo. Y que la monitora tiene razón cuando dice que estas cosas suelen ser el primer o segundo día y luego se pasan.
Pero la otra parte de mí, la parte de la madre que ha oído a su hijo de 9 años llorando de esa manera pidiéndole que vaya no puede pensar en nada más.
¿Qué haríais? Porque yo racionalmente entiendo a mi marido pero como madre lo tengo clarísimo. Y no sé cuál de las dos partes tiene razón, si la razón sirve de algo con los hijos.