He leído hace poco un post en el foro relacionado con esto y quiero contar mi historia.
Llevábamos casi toda la relación discutiendo por absolutamente todo, con muchísima violencia verbal por parte de él, con un montón de redflags en medio, yo sentía que me volvía cada vez más pequeña y mi miedo cada vez más grande. Después de años soportando eso decidí hacer las maletas y marcharme, no sabría decir ni cómo tomé la decisión, no tenía fuerzas para mucho, pero algo en mí me dijo ahora o nunca, y de un día para otro y sin avisar, con la ayuda de unos amigos que vinieron a buscarme una mañana pude coger todas mis cosas e irme. Desde un lugar a salvo ya, él y yo continuamos hablando por whatsapp, porque por miedo a su reacción, yo me había ido con la idea de tomarnos un tiempo para ver las cosas en frío, y aunque llegase a creerme mis propias palabras, yo en el fondo y con el tiempo me di cuenta de que sabía que lo que necesitaba era sentirme lo suficientemente fuerte para romper con él y no volverle a ver nunca más en mi vida.
Durante esos días conversando acerca de lo mala persona que era yo y lo mal que me estaba portando al irme y dejarlo solo, me dijo que estaba muy mal, que no dormía y apenas comía, que en el trabajo le habían llamado la atención por no dar pie con bola, por ir en muy malas condiciones y con muy mala cara y le habían sugerido cogerse una baja. Nuestras conversaciones eran una montaña rusa de reproches y victimismo, en las que yo me mantenía neutral o intentaba razonar lo imposible, y de la nada me dijo que estaba al límite y que se iba a quitar la vida. Esto realmente me impactó porque en el pasado tuvo un intento de suicidio por otros motivos, así que me asusté muchísimo, sentí un miedo que nunca antes había sentido en mi vida. Empecé a llamarle al teléfono con una desesperación que no le deseo a nadie, me estaba ahogando, me sentía culpable y responsable si esa muerte llegaba a suceder. Pensé en volver a casa, empecé a buscar amigos con coche que pudieran acercarme a ver si estaba bien y frenarlo. No contestaba, no se conectaba, no recibía mensajes… nada, cero respuesta. La familia de él estaba descartada porque yo no tenía medio para contactar con ellos y avisarles de lo que estaba pasando, así que eso me hacía sentir todavía peor, porque yo era la única persona que había sido avisada, que yo supiera.

Así fue durante unas horas, un rato que recuerdo con una claridad como si fuese ayer. Todavía puedo llegar a sentir la sensación de ver los segundos pasar con el corazón en la boca, y eso que de esto ha pasado ya muchísimo tiempo.
La gente que tenía a mi alrededor me sugirió que esperase, que tenía pinta de que terminaría dando señales y que quizás estaba intentando llevarme al extremo para que volviese a casa, y que si no, podíamos a llamar a emergencias.
Ocurrió exactamente tal y cómo me habían dicho que iba a suceder. De noche ya me escribió para decirme que se había quedado dormido, que por primera vez en mucho tiempo conseguía descansar unas horas y que no hacía falta tanta llamada. Y que a qué venía ahora la preocupación si ya me había ido y lo había dejado como un perro abandonado, que no tenía vergüenza, que así demostraba que la que estaba loca era yo… pero que me echaba de menos. Y que me tendría que plantear el ir a terapia para que un psicólogo me ayudase con lo perder el control y asustarme por tonterías tan rápidamente.
No había dejado de irme el corazón a mil por hora y de repente me sentía estúpida.
Así que si una persona con la que acabáis de romper de una relación – en la que hay violencia psicológica – amenaza con suicidarse, lo mejor que podéis hacer antes de entrar en pánico es llamar al 112 o al 024 que es el teléfono que ha habilitado el gobierno español para asistir y abordar el suicidio, y dar el aviso para que sean profesionales de la salud los que se pasen por el lugar y le ayuden en caso de ser verdad que tenga esa intención. La familia de esa persona, sus amigos… también son una muy buena opción.
En mi caso fue una forma más de ejercer manipulación psicológica, el estar durante horas desesperada, pendiente del teléfono y pensando en volver a casa, en volver a estar con él, en intentar salvarle, y todo esto sintiéndome fuera de mí misma, sufriendo muchísimo, sintiéndome culpable y responsable de todo. En cualquier caso, y tal y como me han dicho en terapia, si en ese momento él hubiera decidido seguir adelante, habría sido SU decisión y la culpabilidad no tiene cabida.
Así me amenazó mi novio con suicidarse y así lo viví yo.