Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
El mundo es así de pequeño.
Resulta que yo con veintipocos conocí a un chico en un grupo de gente que frecuentaba. Era algo mayor que yo y bastante atractivo, era veterinario, y yo, que soy una flipada de los animales, me pasaba las horas preguntándole cosas. Con las semanas nos fuimos acercando y tuvimos una historia chula. No llegó a puerto alguno por mi parte, porque, aunque yo hubiera seguido de rollo con él, el chico se pilló bastante de mí y quiso una relación formal conmigo, así que como yo en aquel momento estaba en otro punto, decidí cortar con aquello, ya que él me hizo saber que lo estaba pasando mal por mí. Decidí poner cierta distancia por él, por asegurarme de que estuviese bien y no hacerle daño, aunque el vínculo mínimo de felicitarnos cumpleaños y preguntarnos qué tal cada equis meses lo mantuvimos al principio.
Después, en un margen de tiempo que estuvimos más distanciados, me dijeron unos amigos comunes que se había echado pareja y tal, y yo me alegré muchísimo por él. Después de eso intenté mantener el contacto, pero me dijo claramente que no le hacía bien en su vida porque seguía teniendo sentimientos por mí y le dolía.
Lo acepté como no puede ser de otra manera y me eché a un lado. Entre tanto tuve mis historias varias hasta que un día conocí al que hoy es mi futuro marido. En una zona de marcha de mi ciudad me lo presentaron y fue un flechazo mutuo total, esa misma noche acabamos juntos y desde entonces somos inseparables. Recientemente me ha pedido matrimonio y le he dicho que sí, pero claro, aquí viene el marronazo de mi historia.
Yo sabía que él era el mediano de tres hermanos, y que adoraba tanto a su hermano mayor como al menor. Que sus hermanos para él eran sus puntos de apoyo y que donde los ponía a ellos no ponía a nadie. Me hablaba mucho de ambos y de sus vidas y sus cosas y me decía frecuentemente que me los quería presentar.
Ese día llegó. Quedamos con ellos en un bar un mediodía para tomar unas cervezas. Primero llegó su hermano pequeño y me lo presentó sin más. Y cuál fue mi cara de sorpresa cuando al llegar su hermano mayor, comprobé que éste era mi ligue, el veterinario. Cuando ambos nos miramos cortocircuitamos, porque obviamente, para ninguno aquello fue plato de gusto.
Mi nuevo cuñado me saludó, y aunque el aire se podía cortar con un cuchillo, admitió conocerme. En lugar de decir que nos habíamos hartado de follar, tuvo al menos el detalle de decirle a mi novio, su hermano, que éramos conocidos del grupo de amigos de un contacto común. Mi novio flipaba de alegría, nos abrazaba a uno y a otro y se le notaba contento porque por fin sus hermanos conocieran a su novia y encima yo fuese “amiga” de uno de ellos.
Aquellas cervezas transcurrieron tensas, la verdad, yo no paraba de pensar que qué puta mierda era aquello. Que por fin me enamoraba y tenía un plan de futuro real con un hombre al que consideraba el amor de vida y resultaba que me había follado veinte veces al hermano y además le había roto el corazón. Tener un cuñado que te ha puesto mirando a cuenca y que encima considera que eres la mujer de su vida es una verdadera putada, creedme.
Necesité unos días para asimilar lo ocurrido, porque vi peligrar mi relación. Decidí hablarle a mi ahora cuñado y preguntarle qué íbamos a hacer con todo aquello. Éste estaba súper indignado y me dijo entre otras cosas que la vida era cruel por ponerme en su vida, pero en brazos de su hermano. Y si lo piensas es para cortarse las venas.
En fin, he decidido no contarle la verdad a mi novio. No sé si su hermano lo hará alguna vez, pero espero que no, de momento me ha dicho que no lo hará. Sé que el riesgo es grande, pero no me la puedo jugar a que me deje, porque lo quiero con todo mi corazón. Entre tanto, mi chico piensa que su hermano me cae mal porque nos nota distantes cuando coincidimos. Me siento muy mal por todo esto y soy consciente de que no lo estoy haciendo bien, pero teniendo en cuenta lo que significa su hermano para él, siento que confesárselo sería el fin y soy una cobarde.
