Siempre pensé que en mi familia éramos gente abiertos, respetuosa y con grandísimos principios. Pero ahora sé que en gran parte he vivido una puta mentira.
Me he enamorado a lo grande por primera vez en mi vida. Soy joven, tengo 22 años, pero sé muy bien lo que quiero para mi futuro.
Hasta hace unos meses estaba estudiando un FP de administración, pero tras conocer al que ahora es mi novio sé que mi felicidad no está ahí, sino que quiero dedicarle mi vida entera a la futura familia que formemos juntos. Lo conocí en Facebook y nos enamoramos en seguida. Empezamos a quedar antes del verano y él en poco tiempo se me declaró y me pidió matrimonio.
No lo negaré, todo me dio un poco de vértigo, pero al fin y al cabo nos queremos y qué más dará todo lo demás. En mi casa no dije nada hasta que decidí comentarles a mis madres que este curso no continuaría con el ciclo. Pusieron el grito en el cielo y me pidieron explicaciones, en ese momento solo les dije que eso no me hacía feliz y que necesitaba otra cosa.
Un mes después fue cuando les presenté a mi chico. Fue una noche, sin avisarles entré con él en casa y les conté que llevamos juntos unos meses. Mi padre se quedó mudo y me miró con cara de enfado y mi madre intentó ser amable pero se le notaba tensa.
Cuando él se fue empezaron a reprocharme de todo. Que dejase los estudios, la encerrona de llegar con él a casa sin avisar… No comentaron nada de que fuera gitano, pero mi madre dijo que no le gustaban ‘sus pintas’. Ahí me cabreé y en mal momento les conté que estamos prometidos. Mi padre entonces me dijo que hastá ahí había llegado y desde entonces no me habla.
Mi madre intenta explicarme que estoy equivocada, pero es que no entienden que mi felicidad es estar con él y que quiero una vida con él. No quiero perder a mi padre, pero ahora mismo mi prioridad es otra.
Qué injusto está siendo…