Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hace un par de años, después de mucho tiempo ahorrando, mi pareja y yo nos compramos una casita a las afueras de la ciudad. Hemos invertido mucho en ella y hemos estado reformándola poco a poco para dejarla como siempre habíamos soñado. Aún nos quedan algunos detalles para que quede como nos gustaría, pero está ya lista para vivir y para disfrutarla.
En nuestra casa tenemos piscina y barbacoa, lo cual nos permitirá deleitarnos en ella solos, con la familia o con los amigos. En todo momento supimos que al tener espacio suficiente, muchas quedadas con amistades las podríamos hacer en nuestro jardín. Quiero dejar claro con ello que entiendo perfectamente que a mi pareja le haga ilusión que vengan nuestros amigos a casa y poder aprovecharla, en lugar de tener que quedar siempre en los bares de la ciudad repletos de gente o en casa de algún otro amigo con espacio más reducido.
El problema viene cuando mi pareja me dice que quiere montar fiestas en casa, ya no hablo de hacer una barbacoa o una comida para disfrutar de la piscina, él pretende que las quedadas en las que pernoctamos con nuestro grupo una vez cada medio año, cuando alquilamos una casa rural, bebemos y nos pasamos el fin de semana de fiesta, se haga en nuestra casa. Y yo no estoy dispuesta a ello. No quiero que mi hogar, recién reformado, se convierta en un lugar donde hacer fiestas, en la que la gente se quede todo el fin de semana, y que luego seamos nosotros quien tengamos el trabajo de limpiarlo todo, etc. Además, no me apetece que se quede a dormir en nuestro cuarto de invitados, o incluso en el sofá, gente que ha bebido más de la cuenta, o que huele a barbacoa impregnando el olor por todas partes.
Creo que para hacer una fiesta de este tipo, podemos seguir contando con una casa rural como hemos hecho siempre. Él dice que por dos veces al año que lo hacemos no importa luego tener que limpiar, que ya lo recogerá todo para que quede impecable, pero yo no quiero convertir mi vivienda en el sitio donde todos se acostumbren a ir a pegarse la borrachera del año gratuitamente ahorrándose los gastos de la casa rural.
Por otro lado, mi pareja me dijo que esto no se lo comenté antes, que de haber sabido que le pondría tantas normas en su propia casa se hubiera pensado si comprársela conmigo o no. A mí me pareció un golpe bajo, ya que realmente veo muy normal decirle que no quiero gente borracha en mi casa nueva, que no le impido hacer barbacoas, o que sea el lugar donde podamos reunirnos de vez en cuando con los amigos, o incluso que alguno de ellos se quede algún día a dormir si le apetece. Lo que no quiero es que se convierta en la nueva casa rural donde celebrar fiestas, porque todos sabemos que si un amigo rompe algo sin querer en un momento en el que no esté del todo lúcido, por ejemplo, no se lo haremos pagar, incluso puede que ni se sepa quién ha sido. No es que nuestro grupo de amigos sea de beber tanto que pierdan el control, pero ya sabemos todos que pueden pasar mil cosas cuando la gente va con unas copas de más.
Así que ahora mismo no sé si estoy siendo demasiado estricta no permitiendo ningún tipo de fiesta en mi casa, cuando la casa es de los dos o, por el contrario, él no se da cuenta de las repercusiones que puede ocasionar montar dos fiestas al año con más de diez personas, ya que para eso se alquila entre todos un espacio para estar tranquilos dando una fianza por si pasa cualquier cosa de manera que nadie salga perjudicado. Tampoco tengo ganas de estar pasándomelo bien pendiente de lo que pueda pasar en mi hogar en el que tanto he invertido. Pero eso él no lo entiende, cree que en ningún sitio se está mejor que en casa y que luego no tendremos ni que movernos, solo recoger y limpiar. Vosotras, ¿dejaríais organizar fiestas en vuestra vivienda o pensáis como yo?
