Mi suegra me limita la vida.
Hola a tod@s. Os leo mucho y sobre todo las historias sobre suegras y siempre me planteo escribir. Hoy lo hago a modo de desahogo y son muchos años e historias, así que perdonad si escribo demasiado.
Mi suegra tiene varios hermanos y hermanas, pero no han debido de prestarle la atención que reclamaba porque es muy histriónica. Siempre habla a gritos y canta fuerte o baila cuando no es el centro de la conversación. Opina sin filtro y critica todo como si supiera más que nadie. No estudió (y sus padres eran pudientes) y debe de tener esa espinita porque discute de temas médicos con cualquier conocido médico, aunque solo diga tonterías. Usa expresiones que debe de creer que son del latin, pero se las inventa. Trabajó 2 meses de “secretaria” en un bufete de abogados y cree saber más de leyes que los magistrados del supremo. Y es ama de casa, y por supuesto es la que mejor tiene su casa, la mejor madre y la que más sabe de todo del mundo. Tiene seguro privado y pide cita con varios médicos especialistas a la vez para comprobar si le dicen lo mismo y “sacarles los colores”. Debe de tener mucho complejo de inferioridad intelectual y ha encontrado en la crítica una forma de hundir a los demás para ella sentirse superior.
Pero ella es “encantadora”, una especie de Ned Flanders que te habla con excesiva dulzura y apodos cariñosos, mientras te está diciendo que llevas el pelo fatal o que esa ropa está muy mal conjuntada.
Su marido es un currante de sol a sol incluso después de jubilado. Ella tenía terrenos en herencia pero el dinero para construir y mantener siempre lo ha puesto el marido. Pues ella siempre habla de que todo es suyo y ella mantiene a su familia.
Cómo no tuvo el reconocimiento social que anhelaba (sus amistades son familiares o amigos de la familia o de su marido, pero nunca amigos suyos como tal, y nadie queda con ella ni la invita a apuntarse a viajes ni ningún tipo de vida social) se esmeró en ser el centro de su núcleo familiar, de forma que su marido e hijos giren en torno a ella. Y lo consiguió, ninguno (salvo el pequeño) tiene la más mínima duda de que lo más importante en sus vidas es su madre. Además, les influyó a cada uno: a las hijas, en que se convirtieran en lo que ella quiso ser, una persona adorada socialmente y con carrera universitaria. Al final solo consiguió que sean mujeres frustradas por no cumplir el estereotipo que se les impuso, con incapacidad para reconocerlo (se mienten a sí mismas y a los demás, y si algo les va mal te cuentan unas trolas alucinantes sobre cómo en realidad las han despedido porque ellas quisieron ya que estaban descontentas, y llevan meses sin trabajar y echando mil CV sin que las cojan pero en realidad es que se han tomado un año sabático, por ejemplo). Sus hijos salieron mejor parados, o no. El pequeño es muy introvertido y es el único que parece darse cuenta de la situación. Los otros son un poco narcisistas. Su madre y hermanas los han mimado y su forma de tratar sus rabietas era darles rápidamente algo que quisieran y distraerlos del problema que tuvieran. Eso si, son personas “echadas para amante”, que suelen resolver problemas con facilidad, típicos machos alfa, pero que tienen muy poca empatía. Y mi marido es uno de ellos. Ahora, décadas después, ha cambiado mucho, pero las rabietas con lanzamiento de objetos contra la pared si algo no sale como quiere aún las mantiene.
Y yo, vengo de familia de padres muy humildes y empaticos, con mucha capacidad de aceptación y resiliencia, a veces bastante influenciable (y mil defectos que no voy a contar por no extenderme, pero no quiero parecer que los critico a ellos y yo (o mi familia) somos perfectos.
Bueno, pues con todos estos ingredientes mi vida pasó de ser muy independiente, con responsabilidad y mucho trabajo por mi parte, a ser un apéndice de la vida de mi marido y su familia, dirigida por mi suegra. No sabría decir cómo pero de pronto me encontré viviendo y trabajando en la ciudad de mi marido, a escasos metros de mis suegros, que intentaron que fuera en la misma parcela pero eso no funcionó y después de muchas broncas conseguí que nos mudáramos. Tuve un aborto y su forma de consolarme fue decir que no lo entendía porque en su familia todos los embarazos habían sido siempre perfectos y nunca había habido abortos. Pero lo malo llegó cuando nació mi primera hija. Primera nieta. Su nieta. Empezó a referirse a mí como la madre de su nieta (antes de nacer) y luego como “la teta” o “la cabrica” cuando nació y le daba de mamar, dando a entender que eso era para la niña. Durante el embarazo me daba clases magistrales de obstetricia, ponía en duda la labor de los ginecólogos, me mataba a preguntas sobre cómo iba a dar a luz. Consultó por su cuenta al que hacer para cambiarles los apellidos a la niña y que el suyo figurara. Cuando nació fue ya terrible. Era una custodia compartida.

Venía a diario y me arrancaba a la niña, decía que ella era “La abuela” (mi madre no contaba) y a la niña le decía “ven con mamá” como si fuera hija suya. Aparecían en restaurantes, supermercados, casas de familiares míos que no conocía. Daba igual, llamaba a su hijo que obediente le decía que nuestra ubicación y yo de pronto me los veía allí plantados, me robaba a la niña y hasta que no lloraba de hambre no me la daba. Criticaba que le diera de mamar a demanda y a la vez me decía que le faltaba biberón porque creía que se quedaba con hambre (percentil 95). Criticaba todo lo que yo hacía. Compraba mil cosas que le habíamos pedido que no compraba y luego nos echaba en cara que no nos las lleváramos. Preparó una habitación de bebé en su casa, con todos los detalles, aunque le dejáramos claro que la niña no iba a quedarse con ella. Mi marido y yo tuvimos 1000 peleas (incluso a gritos) y conseguí que entendiera parcialmente el acoso y derribo de su madre (para él era algo normal) y me negué a que se quedara cuidando a la niña. Pedí excedencia en el trabajo, ya no solo porque me pareciera que la baja maternal es ridicula, sino porque no soportaba la idea de dejarla con ella, que era lo que pretendía. Cuando se lo dijimos, se puso “enferma” por culpa del disgusto. Después de la excedencia la llevamos a guardería y fue un infierno. Cada vez que enfermaba me dejaban claro que era culpa mía por la manía que le tenía a mi suegra.
Si la dejábamos con mi madre cuando estaba mala, ponía el grito en el cielo, y si la dejábamos con ella criticaba todo (la ropa, la educación…). Siempre se las daba de ser la mejor madre del mundo y de que nunca hay que dejar solo a un niño pequeño, pero si ella estaba vigilando a la niña y está abría la puerta de la parcela y llegaba casi a la piscina de su casa (que no cubrió por estética) era culpa nuestra por no enseñar a una niña de 2 años que no se sale al jardín. Y así todo. Yo me negué a tener más hijos, reduje mi jornada para adaptarla a si la niña enfermaba y que no tuviera que estar con ella. Empecé a odiar todos los festivos que implicaran reuniones familiares. Y sobre todo el día de la madre, cuando era una batalla campal porque ese es SU día y hay que hacer lo que ella diga. Aunque con el día del padre hace igual porque tiene a su marido totalmente anulado. Mi marido solo menciona a su madre tipo “vamos a ver a la abuela. La abuela se pondrá muy contenta. Vamos a contarle esto a la abuela. Mira qué regalo te ha hecho la abuela”.
El abuelo paterno no existe, y si ella ve acercamiento de los nietos al abuelo, hace algo para llevárselos, los llama a gritos, les saca chocolate…
Cuando iba al parque a ver a mi hija (aparecía allí de pronto) gritaba para que le hiciera caso y como estaba entretenida, le sacaba el móvil y ponía vídeos y canciones y entonces, cuando la niña le hacía caso, venía y me decía que menuda obsesión le habíamos creado a la niña con las pantallas, que nada más verla le había pedido el móvil. Todo eso cuando yo había visto lo ocurrido. Pues así con todo: compraba juguetes peligrosos y nos decía que no le fuésemos a dejar jugar mal con ellos, que podía atragantarse. Le daba chocolate y dulces y nos recriminaba que cuando fuera a verla le pidiera dulces.
Al final, y después de mucho sufrimiento de su hijo y mío, tuvimos otros 3 hijos. Si, 4 en total. Yo siempre quise familia numerosa y además, pensé que a mayor número de hijos, más difícil lo tendría en su esfuerzo de convertirse en la persona más importante en la vida de sus nietos.
Me avergüenza pensar en la cantidad de viajes, salidas con amigos, etc, que he rechazado por no soportar que se quedara con los niños. Me entristece pensar en cómo todo el mundo cree que estoy obsesionada con la maternidad por no querer separarme de ellos y, aunque es cierto que prefiero hacer los planes con los niños y que me encanta la maternidad, muchas decisiones han estado limitadas por no soportar que ella ya tuviera planificado cómo quedarse con los niños.
Por supuesto también me ha criticado a muerte con su hijo. Según ella le lavo el cerebro para alejarlo de su madre y ella no lo ha educado así. Según ella yo le hago la vida imposible y ella solo hace lo mejor para él. Según ella, que yo quiera opinar sobre qué hacer yo el día de la madre es un claro ataque a mi marido, que lo que más querría es estar con su madre y hermanos. Un año decidimos ir a comer el día de la madre con mi madre (en otra ciudad) y luego a la vuelta cenar con ella. A su hijo le dijo que si eso era lo que él de verdad quería, o solo estaba haciendo lo que yo le imponía. Cuando llegamos la mesa estaba puesta y no había hueco para mí. Me dijo que no sabía que yo también iba.
En fin, ahora todo está un poco mejor. El confinamiento fue para mí un gran alivio. Y ahora tiene mas nietos, uno bebé de una de mis cuñadas y ha tenido que reducir intensidad para abarcarlo todo. Pero aún así yo sigo sin querer salir a cenar a solas con mi marido porque si se quedan los niños con cualquier otra persona, es una ofensa hacia ella, y la otra opción no es viable para mí.
Muchas gracias por leerme si habéis llegado al final. Solo decir que mi misión en la vida es educar hijos emocionalmente estables y evitar por todas cualquier comportamiento por mi parte que se parezca a su actitud.