De verdad que el postureo de las suegras no lo soporto. La mía en concreto, que es viuda, es una mujer diferente según el sitio en el que esté. Como es de pueblo, se le presupone que debe seguir guardándole el luto al marido, de manera que si está en el pueblo o alrededores, viste de colores oscuros y tiene actitud de tristeza y si sale de ese círculo, se pone ropa de colores vivos y cambia el mood. Es increíble, porque además lo dice sin ningún tipo de pudor, está todo el tiempo con el que dirán en la boca.
Resulta que la buena mujer ha tenido toda la mala suerte de que le toque por nuera la persona más rebelde y más inconformista del mundo, y lo siento pero no entro por su aro de querer que los demás sigamos el paripé.
Tiene una casa en la playa, lugar donde también todo el mundo los conoce y el cual es territorio de tristeza, es decir, allí tiene que guardar también la compostura de la viuda doliente.
Cuando vamos a su casa de la playa, pretende que todos sigamos la estela de estar en perfil bajo por el qué dirán. Como comprenderéis, tengo niños pequeños a los que estos asuntos ni les va ni les viene, y lo único que quieren es pasarlo bien en verano en la playa, y yo también, la verdad.
Cuando pasamos unos días de vacaciones con ella, la mujer se queja por todo y juzga todo lo que hago y hasta la ropa que le pongo a mis hijos. Pero es que también me juzga a mí porque dice que no debería usar bikini porque ya tengo una edad y unos kilos de más. Hasta me dice que cómo uso ropa de baño de colores flúor. No sé quién le ha dado a esta señora permiso para meterse en asuntos que no le competen. Eso sí, yo lo tengo claro, cada vez que me critica, peor lo hago. Así la pongo cardiaca, y la verdad es que os confieso que disfruto.
Hace unos días bajé a la playa con un bikini que tenía la braguita tipo tanga: si lo que quiere es caldo, le doy dos tazas. Estaba indignada la mujer, avergonzada, tanto que cogió su silla y se subió al piso por no compartir conmigo espacio. Cuando volvimos me dio un sermón de tres pares de narices. Cuando se pone a sí yo siempre le respondo en modo disco rayado con la mejor de mis sonrisas, es decir, le respondo, pero no entro a discutir, lo cual la enerva todavía más. Le digo que yo me visto como me da la gana, que ella se encargue de su ropa y de su vida y que cada uno hace con la suya lo que le viene en gana mientras que no dañe a nadie. Me gustaría debatirlo con ella y hacerla entrar en razón, pero sé por experiencia que es imposible, así que yo, dale que te pego, disco rayado diciéndole lo mismo.
Normalmente no consiento que me mine la moral, pero esta vez lo consiguió. Así que volví a optar por atacar con artillería pesada: cuanto más lata me da con lo mismo, más fuerte es la venganza.
Hoy mismo he hecho topless en la playa delante de ella. No suelo hacerlo, admito que ha sido por hacerle el contraataque, a ver si aprende a dejar a los demás vivir. Se ha vuelto a subir indignada, debe pensar que soy la hija de lucifer y yo me muero de la risa. Y lo mejor, mi marido también.
Por la cuenta que le trae, no me volverá a juzgar, porque si lo hace, a la siguiente me quedo en bolas en la playa. Por tal de cerrarle el pico soy capaz de cualquier cosa. Ella por lo pronto me ha jurado que no vuelve a pisar la playa conmigo jamás, y no sabe que en realidad, me está haciendo un favor.
