Mi horror personal se llama mi suegra. Esa mujer es la versión humana del mercadillo de los jueves.
Y ojo que yo la quiero pero es que tiene un gusto textil que no lo arreglan ni en Cámbiame
Mi suegra va siempre igual como recién salida de un videoclip de tecnocumbia: mallas de leopardo bien ajustadas, sujetador fosforito con las tiras asomando y un top brillante o con lazos, o con encajes. Ella tan pancha, tan segura, tan diva low cost. La Beyoncé del mercadillo.
El problema empieza cada Navidad/cumpleaños cuando yo sé que inevitablemente va a llegar el momento regalo. Hace dos años me cayó un pack de bragas del mercadillo. No sé de qué material estaban hechas pero juraría que si las frotaba un poco podía encender un pitillo con ellas. Otro año apareció con un camisón que tenía hasta electricidad estática. Yo sé que la mujer lo compra todo allí, si es que alguna vez he ido con ella y la saludan las de ‘braga a 1 euro nena, seda pal chirli’.
Tengo en casa un cajón que ya he bautizado como el cajón de los horrores Allí guardo un abanico de prendas que harían llorar a cualquier estilista. Camisetas con estampados imposibles que incluyen caballos galopando por la playa leggings térmicos que no abrigan nada y más packs de bragas que no usarías ni en tus días de regla porque te darían candidiasis.
Os lo cuento entre risas porque yo quiero a la buena mujer y por no hacerle el feo cada año sonrío y añado nuevas cosas al cajón de los horrores. Mi pareja dice que debería ser sincera y decirle que jamás me pongo las cosas que me regala pero me da pena herirla, tampoco es que se gaste un pastón en mis regalos jajaja
Ya me contáis qué pensáis
besis de fresi
