La verdad es que siempre fui muy enamoradiza. empecé en estos de los primero amores a mis tiernos 11 añitos y tuve mi primer novio de “mentira”, cosas de la edad. Luego ya tuve varios de estos novietes que no pasaron a más de un par de picos y besos a escondidas.
A los 15 años conocía al que sería mi primer marido. Me enamoré de él porque pareceía encantador y educado, además de culto. Su familia me integró como una más y pasaron los años. Nos casamos a los 20 años y a los 21 y 23 años nacieron nuestros dos únicos hijos. A partir de ahí todo se torció, empezó a manipular y controlar mi vida de una forma bestial hasta que dije basta a mis 35 años. Nos divorciamos.
Al cabo de un tiempo conocí al que sería mi segundo marido. Yo me enamoré como una loca de él y enseguida propuso casarnos. Acepté como la más enamorada. Pero al empezar a convivir juntos la historia se repitió, era un maltratador de libro. Otro divorcio.
Después de aquello, ya no me quedaron ganas de repetir en el amor y mucho menos de casarme, tenía menos de 40 años y dos divorcios a mis espaldas.
Pero apareció el que sería mi “tercer marido”. Él era musulmán, así que al poco tiempo de estar juntos (si chicas, voy repitiendo la misma historia) y estar ya viviendo juntos me propuso casarme, ya que para él, era pecado convivir sin casarse. Me lo pensé pero terminé aceptando un poco por presión. Fuimos a la mezquita y allí contrajimos lo que se supone que fue nuestro matrimonio. En teoría, estábamos casados por el rito religioso, y ellos se encargaban de registrarlo en el registro civil. Sin más pasaron los meses. Está vez todo iba bien, hasta que un día tuve que arreglar unos papeles para mi empresa y me pedían el certificado de matrimonio. No le dije nada a él, simplemente me acerqué al juzgado y pedí el libro de familia o similar. Allí empezaron a buscar lo que les pedía y me dijeron que no constaba matrimonio ninguno, que mi última anotación era mi segundo divorcio.
Me llevé una sorpresa enorme e impactada llamé al que supuestamente era mi marido.
Me explicó que en el momento de casarnos, él todavía estaba casado legalmente (aunque en trámites de separación) con su ex mujer y que no quería que yo me enterase.
Después de una discusión monumental donde me prometió no mentirme más, le perdoné y esta vez si, pedimos hora para casarnos realmente.
Estamos esperando el día con ilusión a pesar de todo lo ocurrido.
