Tengo 43 años y estoy divorciada desde hace cinco.
Vivo sola y, como cualquiera, algunos fines de semana salgo a cenar, a tomar algo o simplemente llego tarde porque he estado con amigas. Otras veces viene alguien a casa. Creo que es una vida completamente normal.
El caso es que desde hace unos meses me he dado cuenta de una cosa bastante inquietante.
Mi vecina de enfrente deja siempre la ventana del salón abierta hasta que yo llego. Da igual si son las diez de la noche o la una de la madrugada.
Al principio pensé que era casualidad, pero ya han sido demasiadas veces.
En cuanto oye el coche o la puerta del portal, asoma la cabeza disimulando y mira quién viene conmigo o si entro sola.
Y no es una impresión mía. Hace unos días me crucé con otra vecina y me soltó:
«Bueno… ya veo que este fin de semana has tenido compañía otra vez.»
Me quedé de piedra porque esa mujer no podía saberlo si alguien no iba contándolo.
Desde entonces me fijo más y es descaradísimo. Si llego sola, mira. Si llego acompañada, mira más todavía.
Lo peor es que no me molesta solo el cotilleo, sino la sensación de sentirme vigilada en mi propia casa.
No sé si es porque soy una mujer divorciada y parece que hay gente que cree que tiene derecho a juzgar cómo vive una, o simplemente porque hay personas que viven pendientes de la vida de los demás.
¿Os ha pasado alguna vez algo parecido con algún vecino? Porque empiezo a sentir que cada vez que llego a casa estoy entrando en un reality.
