Nunca me hizo feliz vivir con sobrepeso. Era una carga más que añadia a mi ya de por sí, abultada lista de complejos.
Me convertí en obesa de forma progresiva, las circunstancias de vida me hacian dejar de lado mis propias necesidades en pos de cuidar de los demás, normalmente parejas que no estaban a la altura. Que en los inicios me hacian engordar de felicidad, de ilusión y que a medida que se difuminaba y/o distorsionaba el proyecto de relación, me llevaba a hundirme en la ansiedad, el desasosiego, la frustración.
No puedo responsabilizar a nadie de los procesos de autodestrucción a los que me sometía a mi misma. Cuanto más me entregaba, menos me atendía. He sido la única responsable de no entender aquello de «hay que estar bien con uno mismo para dar lo mejor a los demás».
Pero después de una separación, cuando ya era madre, tomé las riendas de mi vida. MI vida. Y a medida que superé los baches, empecé a decidir cómo quería vivir, qué necesitaba y a dar pasos para conseguir reconciliarme con un YO interno al que hacia años, al que no le dirigía ni la menor de las atenciones.
No es algo que se consigue de un día para otro, ni en meses, pero en unos pocos años logré reconectar conmigo misma, dar con las teclas que me han llevado a enmendar los errores y horrores cometidos.
Hoy en día sigo trabajando en mi misma. Sigo siendo madre (ahora de dos criaturas), he vuelto a enamorarme (asegurandome que mi compañero entiende, acepta mi visión de vida y obra en consecuencia), sigo cuidando y dando lo mejor de mi a los que amo.
Pero ya no hay renuncias, ya no hay entrega total. Ahora hay egoismo sano (mis horas de desconexión, de descanso, de deporte, de lectura), hay amor propio, proyectos individuales, hay conexión, coherencia entre lo que quiero y lo que hago para conseguirlo.
Nunca me hizo feliz vivir con sobrepeso, pero es muy probable que aún estando en mi linea tampoco lo hubiese sido. El valor auténtico de la felicidad, es aprender a vivir en paz con uno mismo. Escucharse, atenderse, quererse, aprobarse, aceptarse… Por cuestiones de salud, me opere. Reducción de estómago y cruce duodenal. He perdido 67 kilos… No soy más feliz siendo delgada.
Soy más feliz siendo conciente de que he aprendido que soy lo más importante. Que se puede adoptar nuevas formas de vida, relacionarse con uno mismo y con el resto desde la perspectiva del bienestar. Existen personas, parejas, amistades, familiares capaces de entender, apoyar y amar desde la generosidad.
Que no hay nadie imprescindible, excepto tu mismo. Solo uno mismo es el único y perfecto compañero de viaje.