Llevo tiempo queriendo desahogarme, contar mi historia, mis sentimientos, pero nunca encontraba el momento, o más bien las fuerzas.
Bueno pues hoy por fin me atrevo a hacerlo. Tengo 30 años, mido 1,70 y peso 72 kg llenos de complejos, miedos e inseguridades. Desde que era pequeña ha sido la niña gordita, o más bien LA GORDA, de la que todos se reían. Desde mi infancia he sufrido bullying por mi peso, aunque todo se exacerbó en la adolescencia. Me han llamado de todo, gorda, tanque, foca… y no sólo en el instituto, también en la calle. Recuerdo cuando con 15-16 años me arreglaba para salir con mis amigas, me miraba al espejo y me veía monísima, guapísima con ganas de comerme la noche. Sin embargo, volvía a casa llorando porque algún/os gilipollas (siempre hombres) se reían de mi, me increpaban y hasta me han llegado a escupir (si por estar gorda, con una talla 42), obviamente cuando volvía a casa llorando ya no veía a esa chica guapa, sino a una persona fea y gorda a la que nadie iba a querer.
Llegué (he llegado) a creérmelo tanto que desarrollé una fobia a los hombres por así decirlo. Si se acercaba un grupo de chicos y eran majos (no digamos ya si alguno parecía querer algo conmigo) pensaba que realmente lo que querían era reírse de mí. Pues en alguna ocasión anterior, algún chico se había acercado a tontear conmigo, y luego llegaban los amigos diciendo vamos chaval deja de reírte de la pobre, mientras se reían claro.
Pues bien, llegó la Universidad y por fin saldría de aquel tóxico pueblo que solo me producía dolor. Recuerdo que llegué a la universidad asustada, pensando que los chicos se reirían de mí. Y ¿cuál fue mi sorpresa? Que no fue así, me costó mucho abrirme y hacer amigos pero conseguí hacerlo. Perdí mi virginidad (que me pesaba como una losa) con una persona maravillosa con 22 años. De la Universidad volví con la mentalidad cambiada y con unos cuantos kg de menos. Me encontraba tan animada que comencé a ir a una dietista y adelgacé en unos meses unos 15 kg aproximadamente. Estaba radiante, divina con mis 62 kg de peso, pero sobretodo me encontraba bien conmigo misma (y eso que tampoco es que ligase mucho más, aunque si que tuve algún que otro amor). Pues bien terminó la universidad, volví a aquel pueblo que tanto odiaba y me mantuve estable durante un par de años con subidas y bajadas de algunos kilillos peso. -He decir, que en ese pueblo pasé de ser la gorda, a la ex-gorda, si señoras la etiqueta seguía siendo la misma, algo que me dolía en el alma, parecía que mi nombre no existía más bien mi identidad se basaba en un calificativo.- Por fin conseguí salir de allí, y vivir en otro lugar, donde nadie me juzgaba y me sentía feliz. Pero llegó el puto Covid-19.

Con la pandemia, tuve que volver a casa, pasando el confinamiento con ansiedad. Comiendo vaya. Y bueno pues llegué al verano con unos kilos de más, unos 67-68 (que diréis, no es mucho, pero para mi, para mi salud mental son demasiados teniendo en cuenta que mi autoestima se basa en peso) y conocí gente nueva. Conocí a un chico que la verdad se escapa de mi «prototipo», no soy yo muy de musculosos, fibrados de gimnasio. Nunca me fijo ni me han llamado la atención hombres así pues siempre he pensado que me sentiría inferior a ellos, que no podría ser yo. Por eso del deporte, el gym y medir todo lo que comer etc. Además, que en mi subconsciente siempre pienso que nunca se fijarían en alguien como yo.
Pues bien, tonta de mi, cuando le conocí pensé que era una persona que no se fijaba en estereotipos, cánones de belleza… me pareció un hombre maravilloso, tímido, introvertido, maduro, educado, culto, divertido, con una mirada preciosa cuando sonríe y se marcan sus patitas de gallo. En definitiva, lo que me atrajo de él más bien fue su personalidad, no su apariencia ni su cuerpo (aunque tiene una sonrisa embriagadora). Todo parecía ir bien hasta que me llevé un chasco, y de los gordos. Por lo visto él empezó a notar o alguien le diría (yo que sé) que me gustaba, él se agobió, y no reaccionó de una forma muy apropiaba (que no lo juzgo, no todos manejamos del mismo modo las emociones). Básicamente, se agobió y le dijo a un amigo que querían emparejarlo conmigo, que no le daban a elegir entre el resto de chicas del grupo (guapísimas y con un cuerpazo todas por cierto) y que yo no era una mujer para él, que no estaba a su altura por (en teoría) mi aspecto físico.
Imaginaos el drama, todos mis fantasmas y miedos volvieron a mi mente. Mi autoestima bajó al subsuelo, literal. Así en un momento, volví a mi adolescencia, al mayor dolor, sentir rechazo por mi apariencia, a mirarme al espejo y no quererme, a compararme con el resto de mis amigas, a sentirme la gorda del grupo, a sentirme sola, a obsesionarme de una forma insana por mi cuerpo, por mi peso. He vuelto a la ansiedad, a los atracones, a sentirme culpable posteriormente y machacarme conmigo misma. Intento adelgazar, pero no puedo. Y lo peor de todo, es que ya no solo lo hago por mí, sino por el resto de hombres, por él, por agradarle, por gustarle, porque sí amigas, soy imbécil sigo enganchada a él a pesar de todo, sigo viéndolo como alguien maravilloso.