Queridas mías, segunda vez que escribo a las chicas de WLS para hablaros de mi andanzas en el mundillo del sexo liberal. La última vez que escribí fue hace un par semanas para contaros que había conocido a una chica a través de esta página, que quedamos, que era su primera vez en estos lares y que, básicamente, no los pasamos teta. Ella no quiso que invitara a nadie más de mis amigos porque quería tener una primera experiencia sencilla y ya de ahí ir subiendo. Pues bien, la semana pasada incluimos a uno de los chicos con los que más coincido en este tipo de eventos.
Se llama Martín y es un sol, no lo he escogido a él aleatoriamente, quiero que realmente vaya adentrándose poco a poco y que se lo pase bien sin notar presión. Martín es un hombre que conocí hace tres años ya si no recuerdo mal, es MUY atractivo, tiene un cuerpo muy apetecible y lo que más le gusta es hacer disfrutar a los demás. Podríamos definirle como hetero, pero alguna que otra vez también lo he visto teniendo sexo oral con otros señores, creo que no es lo que más le motiva, pero tampoco lo rechaza.
Le pase a ella fotos de él, me escribió literalmente: ‘¿de verdad ese Dios del Olimpo va a querer follar con nosotras dos?’. Ay querida, si tú supieras la cantidad de coños que se ha follado ese Dios del Olimpo…
Nos vimos el sábado los tres en mi casa, el muy cabrón la estuvo vacilando muchísimo, diciéndole todas las cosas que a él le gusta hacer (la mayoría mentira, es un señor bastante vainilla para lo que hay suelto por ahí), cómo la quería poner, cuánto le gustaba jugar con cosas ‘dolorosas’, que quería echarle cera caliente de una vela por los pezones… Bueno, un cuadro. A la niña la tenía asustadísima, hasta que le confesó que todo era mentira, que la estaba vacilando y que confíase, nos lo íbamos a pasar muy bien.
Cuando terminamos de cenar ella preguntó que cuándo empezábamos y él le preguntó que qué quería hacer, ella le dijo que no tenía ni idea y entonces él movió ficha y empezó todo.
Martín apartó la mesa baja del salón donde aún estaban los restos de comida y las copas de vino, me llamó para que me acercara y me sentó a horcajadas sobre él, me agarró del pelo hacia atrás y empezó a comerme las tetas por encima de la ropa. Cuando terminó la miramos y ojalá hubierais visto su cara, tenía fuego en los ojos.
Entonces él le dijo: «dime qué quieres que hagamos y lo haremos». La niña llena de vergüenza empezó a darnos órdenes, ‘cómele el cuello’, ‘quítale la blusa’, ‘desabróchale el sujetador’, ‘muérdele los pezones’ y así una tras otra. ¿El olor a sexo que había en esa habitación? Indescriptible.
Estábamos los tres super cachondos y teníamos clarísimo que aquello no había hecho más que empezar. Después de Martín dejarme tiritando tras una comida de coño de campeonato ordenado por la niña, se alejó de mí, la cogió a ella (que estaba masturbándose en el otro sofá), la sentó junto a mí y llegó su turno. Empezó a decirnos paso por paso qué teníamos que hacer y nosotras acatábamos órdenes, obedientes.
Después me tocó a mí. No sabéis lo increíble que es ver a dos personas hacer exactamente lo que tú quieres, que sean diligentes, que disfruten, que se dejen llevar, que respondan a tu órdenes sin un ápice de duda. Cuando sentía que el clítoris me iba a explotar decidí unirme a ellos, me puse a cuatro patas frente a ella, le abrí las piernas y empecé a devorarla mientras él me agarraba la caderas y me embestía.
He follado muchas veces en esta vida, llevo desde los 18 tirándome a muchas personas, en lugares distintos, en situaciones distintas y con temáticas distintas. Esta vez sólo éramos tres personas en un salón con un par de copas de vino de más. No sé si es el hecho de llevar mucho tiempo sin poder hacer este tipo de cosas por la pandemia, pero os juro que recuerdo MUY pocos polvos a la altura de éste. Simplemente estábamos los tres en sintonía.
Este fin de semana hemos vuelto a quedar, solo nosotros. Creo que nos queda un largo recorrido juntos.