Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Mi marido y yo llevamos unos cuatro años juntos y desde el principio ambos coincidíamos en que queríamos tener hijos. Hace un año nos casamos y, durante mucho tiempo, pensé que formar una familia era el siguiente paso natural para nosotros.
Mi marido es una buena persona. Es trabajador, cariñoso y, en muchos aspectos, un buen esposo. Sin embargo, conforme se acerca el momento de tomar la decisión de tener hijos, me he dado cuenta de algo que me cuesta admitir: no estoy segura de que sea el tipo de hombre capaz de cargar con el peso que supone una familia.
No quiero decir que sea irresponsable ni que vaya a ser un mal padre. Lo que siento es que, si llegara un embarazo, gran parte de la carga física, emocional y organizativa recaería sobre mí. Y eso me asusta.
He investigado mucho sobre el embarazo, el parto y el posparto, y he comprendido que la maternidad exige enormes sacrificios por parte de la mujer. Al mismo tiempo, vivo muy lejos de mi familia, por lo que no tendría una red de apoyo cercana. En la práctica, dependería casi exclusivamente de mi marido.
Y ahí es donde aparecen mis dudas. Aunque es un buen compañero, no estoy convencida de que tenga la fortaleza, la iniciativa o la capacidad de asumir el peso adicional que implica sacar adelante una familia cuando las circunstancias son difíciles. No me imagino pudiendo descansar sabiendo que él podría sostenerlo todo si yo no pudiera hacerlo durante un tiempo.
Lo más difícil es que la idea de ser madre sigue ilusionándome. El problema no es la maternidad en sí, sino la sensación de que tendría que afrontarla prácticamente sola. Por eso ya no estoy segura de querer seguir adelante con el plan que habíamos imaginado juntos, al menos no por ahora.
