Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola chicas, llevo varias semanas con la intención de escribir en el foro y finalmente he dado el paso. Me gustaría contar mi historia y situación sentimental actual para desahogarme y por supuesto, escuchar las recomendaciones que pudierais ofrecerme…serán bien recibidas, pues es un momento de gran inestabilidad emocional para mí.
Mi historia comienza hace cuatro años y medio, cuando conocí al que hoy es, desde hace 2 semanas, mi expareja. Tenemos más de 30 años los dos, por lo que somos personas adultas con ideas bastante claras. Hicimos mach en una aplicación, pues él es de otra ciudad distinta a la mía y poco a poco nos fuimos conociendo. Por ambas partes tenemos experiencia en relaciones a distancia por lo que no había ningún inconveniente en seguir en esta situación. Sacábamos cada vez más tiempo para vernos, casi siempre en fines de semana, nos llamábamos todos los días por teléfono, en fin…intentábamos llevar lo máximo posible una relación normal. Después, apareció el covid y bueno, creo que nos hicimos más fuertes y nuestros sentimientos se consolidaron, además coincidió en un momento profesional mío de alta tensión y él estuvo ahí como pilar fundamental de apoyo. Conocimos a las familias de ambos, poco a poco empezábamos a estar más presentes en los eventos familiares y de amigos, todo iba de maravilla, así lo sentía y así me lo verbalizaba él cada vez que teníamos conversaciones serías sobre nuestra relación en el presente. En ningún momento sentí la lejanía de los km, ni nada raro que hiciera que sobrepensara sobre nuestra relación o me cuestionara algo de ella, éramos felices y se nos notaba. Todo era genial, bonito, sano…dialogábamos mucho, algo imprescindible para poder llevar una buena relación a distancia, obvio que había discusiones o puntos de vista diferentes, pero la parte suya de hablarlo todo (yo soy de mecha corta) consiguió que poco a poco fuera adaptándome a esa forma de ver la vida, sin gritos, sin discusiones tontas, solo hablando y escuchándonos. Sin embargo, el tiempo y la distancia comenzó a pesarnos, y sentía la necesidad de dar un paso más. Esta conversación llegó antes de verano, y en alguna otra ocasión le planteé la posibilidad de irnos a vivir juntos, sus respuestas en ocasiones eran positivas, en otras esquivas … su idea antes de tener una relación formal, era comprarse una casa y me pareció algo super inteligente y con gran valor, por lo que yo siempre le apoyé. Sin embargo esta idea aparecía y desaparecía por temporadas, también un poco en función de la oportunidades de compra, a día de hoy sigue viviendo con sus padres.

La cuestión es que de todo este tiempo y de haber pasado un buen verano, quizás de los más bonitos porque somos muy familiares los dos y ver que cada una de nuestras familias estaba cómoda con la presencia del otro, nos hacía más felices aún. Pero, así como de la nada, todo se ha ido a la mierda. Una conversación, de nuevo sobre irnos a vivir juntos, pues mis posibilidades laborales lo permiten, noté algo diferente en su cara…y le pregunté (más bien insistí) en qué le pasaba, tras varios “nada” salió el gordo, y me comentó que llevaba un tiempo (no sé cuanto, porque no consigue decírmelo) que siente que ya no es lo mismo, tampoco sabe (o no quiere decirlo) pensando y sintiendo esta situación.
Se me vino el mundo encima, pensando, analizando y echando la vista atrás…si él no podía darme una respuesta, podría encontrarla yo (sé que no es así, pero en mi mente en ese momento, es lo que creía). Total, que después de esa bomba, yo tenía que volver a mi ciudad, pero nos prometimos trabajarlo juntos y ver en qué punto estábamos y qué pasaba. 24 horas después era otra persona, distante, no había palabras de cariño, ni te quiero…solo frases cortas y banales que me atravesaron el alma y el corazón. Me considero una chica fuerte, con ideas muy claras, pero viendo como se había dado la relación…esa actitud suya no la esperaba, no me la merecía tampoco. Y así, se lo dije en varias ocasiones, que me estaba haciendo daño, él me pedía perdón e intentaba corregir su actitud, pero se mantenía distante. Pasó una semana, y decidimos hablar. Sabía que era una despedida, lo sentía así.
Vino a verme, hablamos, pusimos las cartas sobre la mesa…pero él, venía con una cosa clara, pedirme un tiempo para aclarar sus sentimientos y si quería que yo continuara en su vida. Quién me conoce, sabe que no soy de tiempos, que soy de las que piensa que si alguien duda de si te ama o no, la respuesta es clara, no lo hace. Le pregunté si había terceras personas, soy muy intuitiva y creo que hay algo de eso…pero me dijo que no, que no era mi responsabilidad que él estuviera así, que yo no había hecho nada mal. Y bueno, aquí estoy, esperando a que se decida porque creo que tenemos algo tan bonito que merece una segunda oportunidad…pero al mismo tiempo, cada día que pasa y no tengo una respuesta, voy cerrando esa puerta.
Me duele el alma como jamás pensé que me dolería, es una sensación o más bien mezcla de sensaciones que no sé como explicarlo…pero es muy duro, y siendo que no me lo merezco. He tenido varios ataques de ansiedad y en breve empiezo con una psicóloga, pero quizás aquí, con vuestras vivencias pueda ver un poquito más de luz… Sé que él no lo está pasando bien, pero tampoco “hace nada” por intentar solucionarlo, al menos no en pareja. Hemos hablado durante estas semanas, ambos nos echamos de menos, nos queremos…pero sigue sin tener nada claro. Y yo, ya no sé que pensar, ni que hacer…pero cada día es más fuera la idea de cerrar yo este capítulo de mi vida y sanar, trabajar en mí y si él volviera, tener claro como quiero que sea esa relación o si la quiero. Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por leerme. Si alguna ha pasado por esto, por favor, me gustaría escucharos.
Un abrazo.