Nunca me quiso. Ahora lo se. Solo estaba conmigo por todo lo que le daba; que era, básicamente, todo lo yo que tenía y era. Y cuando me salía de la línea que me tenía marcada, se cabreaba de tal manera que le acababa pidiendo perdón entre lágrimas y mocos, esperando no perderlo.
Él conocía mi temor. Sabía que yo temía que se marchara y sabía como sacarle provecho. En cualquier discusión era yo quién acaba pidiendo disculpas. Era yo la insegura, la controladora, la agobiante.
Cuando empezamos a salir me dijo que me llevaba a un caballero de los de antes, pero con la educación de ahora. Que la casa era cosa de dos, dijo. Que las cosas se pagan entre los dos dijo. Que su pareja era lo más importante, dijo.
Y puede que fuera así al principio. Pero se acostumbró… o lo acostumbré tanto a recibir que dejó de dar.
Si le decía que me ayudase en casa, acaba pidiendo perdón por no entender que él tenía peor horario que el mío (aunque yo pasase más horas fuera de casa). Si le decía que no gastase tanto, acababa pidiendo perdón porque no me tengo que meter con su dinero. Y si me enfadaba por cancelaba un plan mío para hacer los suyos, acababa pidiendo perdón porque él también quería hacer planes.
Y cuando empecé a exigir reciprocidad, a exigir atención y cuidados también hacia mí, cuando dejé de darle tanto, simplemente me dejó. Una nota en el whatsapp pidiendo que le recogiera las cosas de casa. Esa fue su manera de dejarme.
Ya no le daba todo, ya no lo convenía. No me quería, ahora lo se. Solo estaba agusto con todo lo que yo le daba.
Y ahora he decidido que a la única persona que le voy a dar todo lo que tengo y todo lo que soy es a mí misma. No voy a mendigar el amor de nadie. No voy a pedir unas disculpas que en el fondo siento que no debería pedirlas, a alguien que no se las merece. Nunca más voy a darlo todo esperando que hagan lo mismo conmigo.
Solo me voy a pedir perdón a mi misma. Por no ver antes que darlo todo solo es perderse. Por cuidar de una pareja que no me cuidaba. Por no cuidarme. Por no amarme. Por sufrir por otros.
No me quería, pero ahora me quiero yo.
Atentamente: M. Teresa.