Hola, todo iba fantástico hasta hace unos días ¿estaré exagerando?.
Llevábamos conociéndonos unos meses. Al principio yo era reacia porque vengo de un año atrás en dónde estoy intentando liberarme de un montón de «toxinas» de relaciones con hombres atractivos y «exótico-cabrones» (como dicen mis amigas) que no me han hecho bien.
Por eso ahora mismo no sé si estoy exagerando o esto se trata de «una luz roja». Pongamos que Juanito técnicamente es el típico chico buenazo, local, cuarentón (yo soy bastante más joven) y que aparentemente lee libros de «feminismo». Percibí que yo le gustaba pero me lo pensé porque «no era el prototipo» porque yo he salido con muchos cabronazos. Decidí dar una oportunidad y poco a poco me fue gustando su manera de ser, aunque no evolucionaba la sexualidad como yo acostumbro. Luego las piezas fueron encajando y empecé a abrirme y a vincularme (estoy en un momento en dónde no me avergüenza decir que me gustaría tener una relación sana).
El caso es que en una ocasión percibí que «Juanito» me explicaba cosas de mi propia profesión (investigo el tema) y que quería tener la razón. Usaba un tono de voz alto y contundente; luego explicó que era una manía a causa de su trabajo. Percibí en algún momento ciertas inseguridades ¿pero también sabes perfecto inglés? ¿también has estado en Latinoamérica? ¡a ver si adivino, conoces Australia!. Pues vaya tela.

Lo que no me saco de la cabeza es que el otro día íbamos juntos en su coche y de repente «se enfadó muchísimo» por un tema de conversación. Intenté calmarlo un poco y le expliqué que no tenía mucha información sobre esas personas… luego ocurrió algo… empezó a insultar a una mujer (no le había hecho nada personal) en un monólogo que duró unos 20 minutos o más.
No eran insultos normales «hija de puta», «perra», «retrasada mental», «guarra». Así, repetido. Tono alto. Intenso. Recuerdo que le pedí en dos ocasiones que ya era demasiado que podíamos terminar esa conversación pero no escuchó, seguía. Cuando vi la oportunidad que accedimos a una ciudad le pedí que parara el coche puesto que acumulé mucha tensión en las piernas y estaba sudando.
No hizo autocrítica, me pidió perdón (creo, o no) y dijo que él era super expresivo y que no podía con «las injusticias». Algo en mi se apagó ese día. Hoy le he expuesto algunas cosas que sentía que no estaban funcionando y me dijo que «era él el que se sentía así, un montón de proyecciones sin sentido». Lo he acompañado a la puerta y le he invitado a irse. Chicas ¿soy una exagerada o esto es una «luz roja»? En qué momento Juanito no es capaz de controlarse. A veces creo que tendré que ocultar mi curriculum y diario de viajes para que un hombre me acepte. No, eso no hace ningún sentido. Jamás!