No sé muy bien cómo empezar esto ni dónde lo podría catalogar.
El viernes mi corazón se rompió en mil pedazos.
En abril contacté por tinder al hombre más interesante que podría conocer, además inteligente, respetuoso y cariñoso. A los pocos días le di mi teléfono para poder hablar por whatsapp y la conversación era mucho más fluida. Hablábamos a todas horas, me contaba que vivía en un piso con dos amigos, que se dedicaba al asesoramiento de imagen de nuevos artistas… coincidíamos en temas políticos, música, intereses, valores, teníamos los mismos planes de futuro…
En julio nos vimos por primera vez, todo genial, no me pareció el chico más guapo del mundo, pero me ganó su forma de ser y lo que me aportaba. Esa noche, a pesar de la Covid, acabamos en la casa donde vivía, se acababa de cambiar de piso y justo estaba cerca de mi casa. ¡Menuda noche! ¡Qué conexión sexual! Así que, decidimos seguir conociéndonos más.
La semana siguiente ya conocía a mi hijo, se hicieron como uña y carne desde el primer día (hasta ahora no le había caído bien ninguna de las personas que había conocido). Así que, pudimos tener más libertad para poder quedar con él.
Debo decir que hace 5 años que me separé por una situación de violencia de género y mi corazón estaba cerradísimo. Solo él consiguió abrirlo para que me imaginase una relación. Durante estos meses nuestra relación ha sido perfecta, hacíamos los planes que el bicho nos ha permitido, hemos hecho planes de futuro, nos imaginábamos viajando los tres, comprando una furgo para camperizarla que es el sueño de mi vida. Le decía a mi hijo, que está deseoso de tener un hermanito, que sí que él le daría un hermanito en un tiempo… sí, igual íbamos muy rápido, pero sólo eran pensamientos de futuro, o siempre he tenido claro que primero debo acabar la carrera y encontrar un piso para mi hijo y para mí.
Y, ¿qué pasó el viernes? Recibí un mensaje de Facebook de una amiga suya. Me advertía que tenía que hablar conmigo y que él no se enterase. Decidí no decirle nada a él por la mañana y fingir normalidad. En cuanto pude hablar con ella, me contó todo.
No era su amiga, la conocía el mismo tiempo que a mí y mantenía una relación con las dos. A ambas nos hablaba de la otra como amigas suyas. Él vivía en casa de ella, donde él me llevó en varias ocasiones y nos acostamos allí.
No solo ha sido el tema infidelidad y doble vida, que evidentemente duele cuando consigues abrirte a alguien después de tanto tiempo. Me ha contado otra ex suya que le ha hecho lo mismo, nos ha ido enlazando, pero que además es un parásito que se aprovecha de aquellas mujeres con las que está, se va a vivir con ellas, lo mantienen, no hace nada en casa y además les pide dinero. Incluso ha llegado a robar objetos personales.

Evidentemente, en cuanto me enteré de esto, lo dejé. Ni siquiera le hablé, le devolví su casco dejándoselo en el portal de su finca con dos carteles “ADIÓS” y “LAS MENTIRAS TIENEN LAS PATAS MUY CORTAS”.
A día de hoy, me siento la mujer más estúpida del mundo porque a pesar de saber todas las mentiras del amor romántico, todas las señales de una relación tóxica, etc, he caído en su trampa. Siento que no voy a ser capaz de volver a dejarme querer y me da un miedo terrible. Ahora mismo siento que mi corazón está cubierto con hilo de espinas para protegerme.
Posiblemente muchas penséis que ha sido poco tiempo y no tengo motivos para sentirme así. Pero de verdad, siento vergüenza por no haber sido capaz de ver nada. No tengo ningún sentimiento hacia él, ni siquiera odio.
Ahora sólo necesito que pase el tiempo y no volver a cruzármelo. Y por supuesto, estoy tremendamente agradecida a esas dos mujeres que me han abierto los ojos y conocen el significado de la palabra SORORIDAD.
Me gustaría crear un perfil en tinder para advertir a sus posibles víctimas, pero no creo que me hiciese bien. Necesito pasar página lo antes posible.
Por favor, perdonad por el rollo, pero está siendo un infierno.