Mi hija mayor, que ya es independiente, no quiere venir a casa por nuestro perro. Tenemos un perro grande, un mastín. Pesa unos 65 kilos. Y es verdad que es un poco intenso. Cuando estamos en la mesa, viene porque quiere comer, nos lame, salta, quiere jugar, y ladra muy fuerte. Es un perro muy cariñoso que a ella la quiere mucho. Pero a ella no le gusta. No le gusta que le salten encima, que la laman. No lo soporta; tampoco soporta a los perros.
Y el perro, es verdad, tiene tendencia, cuando comemos, a asociar ese momento con estas cosas, porque quiere que estemos con él. Nosotros, además, alguna vez, para que se tranquilice, jugamos con él. Pues la última vez que vino, se levantó de la mesa, dijo que estaba intentando poner límites, y que se iba porque le parecía una falta de respeto que, en un día que se dignaba a venir a vernos, jugásemos con el perro en la mesa sabiendo que a ella le daba asco y que se sentia ignorada, que está haciendo un trabajo auto personal y que quiere cosas que no la perturben.
Ahora que es su cumpleaños, la hemos invitado a venir a comer y no quiere venir. Dice que tenemos que ir al restaurante, que el perro es superior a ella y le da mucho asco.
