Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
A la gente de mi alrededor no hacen más que pasarle cosas buenas, y aquí estoy yo estancada en mi vida. Desde mi trono de casi cuarenta tacos observo con bastante resignación como la gente triunfa a nivel laboral y familiar. Con dramas, como todo el mundo, pero con un éxito arrollador. Trabajos con un sueldo por encima del salario base, con dos o tres días de descanso consecutivos, con su jornada laboral exacta, sin tener que echar horas en la oficina ni llevarse trabajo a casa y tantos otros con su oposición aprobada y su dedicación única y exclusiva a cumplir con lo que implica ser funcionaria. Por no hablar de sus casoplones, bonitos por fuera, pero de oro por dentro. Esa casa donde les esperan pacientemente sus padres, con una lucidez y una autonomía increíble para su edad, sus parejas, todas ellas estables desde hace ya varios años, y algunos de ellos incluso con hijos asquerosamente agradables y a los que adoro.
El gran jardín y la piscina que tienen algunos mejor lo omito para no activar el modo drama de ninguna amiga más de este foro.
Yo no les deseo ningún mal. Os prometo que no. Pero me siento fatal conmigo misma porque me cuesta muchísimo alegrarme. No es que mi vida sea ningún tipo de catástrofe digna de otro post, es simplemente que siento que yo también podría merecerme todas estas cosas de las que gozan mis amigos. Me considero mejor persona que muchos de ellos, o al menos trabajo en mi misma todos los días para ser buena persona, sin que eso los convierta a ellos en mala gente. Pero yo no tengo piscina, ni un trabajo lo suficientemente estable para mantenerlo. Mi relación de pareja se está viendo afectada por nuestros respectivos padres, que han envejecido pronto y mal y nos comen muchísimo tiempo libre. Ese tiempo libre que podríamos dedicar a criar a unos hijos que ni siquiera nos planteamos debido a nuestra situación.

Y todo esto me entristece. Me entristece y me cabrea a partes iguales, porque toda mi vida me he considerado una luchadora y siento que todas estas cosas escapan a mi control, y no hay nada que yo pueda hacer o decir al respecto. Me he formado como la que más, he ayudado a todo el mundo siempre que he podido y he peleado cada día de mi vida por ser mejor persona, mejor mujer, mejor hija, mejor empleada y mejor todo lo que se os ocurra. Pero al final hay muchas cosas en esta vida que no dependen de uno, porque la suerte, aunque hay que buscarla y eso ayuda, muchas veces viene en forma de pan debajo del brazo, y yo debí de comerme todo el pan de pequeña, porque creo que la he agotado toda.
Luego me doy cuenta de que estas “envidias” entran en contradicción con la percepción que tengo de mi misma y pienso que igual no soy tan buena persona y que por eso yo no me merezco ni siquiera las sobras de todo lo que ellos tienen… ¿Alguna de vosotras está en la misma situación que yo o en la contraria? Necesito aprender a lidiar con esto porque me come mucha salud mental.