Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Qué gran verdad es esa. Como también es verdad que como el árbol pase un mal momento rápidamente te dan la patada. Eso nos ha pasado a mi marido y a mí en un grupo de amigos que habíamos hecho y donde nos encontrábamos muy integrados.
Nos mudamos a esta localidad y metimos a nuestra hija mayor en el cole. En este pueblo hay muchísima gente de fuera, de manera que todos los que no somos de aquí, con el tiempo, tendimos a juntarnos. Primero el parque con los niños, luego los cumpleaños, una fiesta de Halloween, y cuando te quieres dar cuenta, tienes un grupito de amigos con los que hacer planes. Además, los niños juegan entre ellos, con lo que es un plan redondo.
Hasta ahí todo perfecto.
Hemos estado dos cursos pasándolo pipa. Hemos ido al cine, a parques acuáticos, de finde a la playa y a la sierra, en casa de unos y de otros jugando a juegos de mesa, de parques, de picnic, e incluso hemos hecho salidas de cena y marcha de solo padres. Así que, en resumen, nos habíamos convertido en una pandilla chula.
Nosotros teníamos una buena posición económica, al ser dueños de un negocio que durante muchos años fue bastante próspero. Se han beneficiado de las barbacoas que hemos hecho en nuestra piscina a coste cero (obvio), de las facilidades que mi marido les ha brindado con motivo del sector al que se dedicaba, y mientras corrían buenos tiempos, todos éramos amigos y nos rasgábamos las vestiduras.
Hace un año el negocio cayó empicado y nos vimos en la situación de tener que malvenderlo. Eso unido al mal momento económico general hace que estemos actualmente pasando un bache de los gordos, en cuanto a dinero me refiero, porque como equipo, mi marido y yo siempre vamos a una.
Ellos siguieron a su ritmo, normal también, pero nosotros nos vimos obligados a dejar de participar en las últimas quedadas porque eran del tipo pasar el finde de casa rural a todo tren, cenas en lujosos y conocidos restaurantes etc. Yo no pido ni mucho menos que como ahora nosotros no podemos, que se tengan que comer un bocadillo en el parque con nosotros, entiendo que vayan a lo suyo. Es sólo que me llama poderosamente la atención que cuando éramos los de la posición más privilegiada, todo eran chupadas de culo y de un tiempo hasta ahora siento como que nos dan de lado.
Primero pensé que eran cosas mías, fruto de mi propia sensación de pérdida de confort, pero luego lo compartí con mi marido y me dijo que él también los notaba lejanos, extraños. Observamos que dejaron de escribir en el grupo de WhatsApp, lo cual nos sorprendió, porque prácticamente todas las semanas se proponía algún plan conjunto. O habían dejado de quedar, lo cual nos resultaba bastante increíble, o estaban directamente haciendo planes sin contar con nosotros y por otra vía.
Curiosamente, las mentiras tienen las patas cortas, y sin querer, vi unas fotos en una red social donde todos estaban en la playa. Después me enteré que por no echarnos del grupo, y “por no ponernos en el compromiso”, habían creado un nuevo grupo de WhatsApp. Sentir que te dan esquinazo y huyen de ti es una sensación muy pero que muy fea, máxime cuando no ha pasado nada personal, sino que en la vida, a veces, te vienen mal dadas. Como mañana les puede pasar a cualquiera de ellos, vaya.
No puedo evitar sentirme desilusionada y dolida. El hecho de no poder haber hecho algunos planes por este motivo no creo que justifique esta manera tan elitista de tratar a las personas. También a veces ya hacen planes del tipo tarde en el parque y siquiera nos llaman para eso. ¿Éramos amigos o sólo les convenía nuestra compañía y a la primera nos han dado la patada? Tengo claro que lo segundo. Como tengo claro de que este tipo de personas es detestable y no merecen en absoluto la pena.
