Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
NUNCA PENSÉ QUE LO DIRÍA PERO ESTOY DESEANDO JUBILARME!
Me encanta mi trabajo. Bueno, me encantaba. Ahora ya no sé ni lo que siento por él. Solo me genera ansiedad y estrés.
Soy orientadora en un centro educativo. Cuando empecé en esto, hace ya más de 20 años, la ilusión que tenía era algo desbordante. Me levantaba con unas ganas tremendas de ir a trabajar. De ver la forma de ayudar a tal alumno o una actividad nueva que quería compartir con un compañero de trabajo para tratar de solucionar las dificultades que tenía el alumnado en un contenido.
Cuando funcionaban las cosas, tenía una sensación maravillosa de que mi profesión, tan bonita, servía para alguien. Podía ayudar. Podía acompañar.
No sé en que momento esto fue cambiando.
Supongo que fue en el momento en que todo lo que se hace con el alumnado tiene que estar diseñado tan milimétricamente que deja de funcionar y de tener sentido. Porque las personas no somos cajas de zapatos que se apilan por tamaños. Las personas, y mucho más los niños y adolescentes, cambian, evolucionan muy rápido. Lo que hoy les sirve mañana no les interesa y necesitan adaptación constante y no un diseño de un plan de intervención hecho a a principios de curso…
También pudo ser en el momento en que las conversaciones con ellos o con sus familias empezaron a tener que ser registradas en un acta. Pero que conversación es esa en la que yo no puedo escuchar mirándoles a los ojos? Tengo que anotar lo que me dicen y lo que digo…
Desde cuándo es más importante una tabla de Excel cuantificando el número de alumnado con diagnóstico de TDA, o dislexia o TEA o lo que sea, que el propio Pedro, que no es capaz de resolver problemas o María, que le cuesta mucho memorizar y no sabe que estrategia usar? Desde cuándo ocurre esto? Se está despersonalizando la enseñanza en tanto que se está protocolizando.
Me da mucha pena. Las personas, creo yo, no estamos para encajar en ninguna cuadrícula. Y mucho menos los niños en edad escolar.
Desde mi posición no percibo que esta “nueva manera” de afrontar el trabajo haya mejorado en nada la vida de nadie. Los docentes más estresados porque no tiene fin la burocracia, las familias más crispadas porque el tiempo de atención que se les puede dedicar es menor y más espaciado y el alumnado, cada vez más ansioso y con dificultades derivadas de causas muy diversas, esperando una intervención que suele llegar tarde y desajustada.
Dicen que es la modernización del sistema educativo y yo quiero llorar.
No es modernizar, es quitar el alma. Es convertirlo en una empresa donde se trabaja con objetos y no con personas, donde todos acabamos siendo números.
Como pongo en el título, nunca pensé que diría que me quiero jubilar. No es que quiera, es que lo estoy deseando!!
No sé que opinareis las personas que tenéis niños en edad escolar. Ojalá sea yo la equivocada y que lo veo todo desde una perspectiva muy poco optimista.
Mis vecinos de enfrente, que tienen una peque de 3 añitos y que acaba de empezar el cole, dicen que están muy contentos. Que ellos ven a su niña llegar del cole muy alegre todos los días y que la comunicación con el cole es muy buena y muy fluida tanto por la aplicación de mensajería interna como por los correos electrónicos.
Al final, es cierto que voy a ser yo la que me estoy haciendo mayor, y la que sigue creyendo que la comunicación tendría que ser cara a cara para que funcione y sea eficaz.
Que sí, que necesito jubilarme, pero ya!!
