Hola chicas, quería compartiros mi historia para que podáis aconsejarme ya que creo que nos ha pasado a más de una y a más de dos.
Hace más o menos un año de esta anécdota y me ha estado persiguiendo todo este tiempo impidiéndome volver a tener una relación sexual con nadie más a pesar de haber tenido oportunidades.
El protagonista de esta historia era el típico chico mayor, chulo y experimentado en el que todas alguna vez nos hemos enchochado. No era especialmente guapo pero tenía esa personalidad magnética y divertida que te hacía reírte hasta de lo más tonto. Siempre pensé que había algo entre nosotros pero cada vez que intentaba insinuarme, él me rechazaba. Así que me rendí, a él le gustaba jugar conmigo y sabía que yo empezaba a tener sentimientos por él. De verdad que intenté alejarme pero me resultó imposible. A menudo se interesaba por mi vida sexual y actuando como amigo, me preguntaba cada 2 por 3 si estaba hablando o quedando con alguien. No sabría deciros porqué me ponía tantísimo, el caso era que él era el único en el que pensaba en ese sentido.
Casi cuando había perdido toda esperanza, un día salimos de fiesta con todas mis amigas y sabía que él iría. En la ducha tuve un momento fugaz de pensar «depílate porque hoy es el día» y gracias a dios que lo hice.
Ese día todo parecía normal salvo que los 2 queríamos beber más de la cuenta, yo para quitarme la vergüenza y él pues nunca lo sabremos. El caso es que empezamos a bailar, a restregarnos, a darnos besos en la mejilla… Mis amigas muy listas desaparecieron y sus amigos empezaron a animarnos de lejos. El caso es que nos comimos la boca delante de toda la discoteca. Estaba tan borracha que no estaba asimilando bien lo que estaba pasando, aunque una cosa tenía clara, no quería que parara nunca.
Entre beso y beso le pregunté si quería dormir conmigo esa noche y él asintió encantado. En ningún momento pensé en invitarlo por acostarme con él, la verdad es que me interesaba más hablar sobre lo que sentíamos el uno por el otro porque imaginaba que después de tanto tiempo tonteando, algo había. Decidí dejarme llegar por temor a agobiarlo y mejor hablarlo cuando estuviésemos sobrios. Pobre de mí.

Bueno pues como os imagináis, esa noche fue maravillosa. Yo siempre había tenido muchas inseguridades con mi cuerpo y temía el momento en el que alguien me viera sin ropa, obviamente entre lo cachonda y borracha que iba, poco me importó. Como es lógico antes de empezar, le dejé caer que era virgen y él súper sorprendido me dijo si quería que parara a lo que yo me negué en rotundo. No os voy a engañar, eso me hizo querer comérmelo con más ganas. Yo me sentí muy a gusto y noté todo muy fluido. Es verdad que en ciertas posturas me dolía un poco pero en general, fue una experiencia de 10.
Ya después del polvo, comenzó a ponerse un poco raro, no quería abrazarme ni tocarme a la hora de dormir. No le di más importancia porque imaginé que no quería que me pensase que íbamos a tener «algo serio».
Cuando abrí el ojo a la mañana siguiente, él no estaba, lo había notado como se había levantado al baño y decidí seguir haciéndome la dormida. Me despertó para decirme que se tenía que ir y cuando abrí el ojo ¡Ya estaba vestido y todo! La verdad es que no entendí tanta prisa y me entraron muchísimas ganas de llorar, le pregunté si estaba todo bien y me respondió algo así como «ayer iba muy pedo» entre risas. No iba a insistirle y le dije que vale.
Decidí que no iba a escribirle yo porque él sabía perfectamente que para mí no había sido un polvo más, que era mi primera vez y encima estaba muy enamorada de él en esa época. Pasaron los días y no tenía noticias suyas así que después de una semana o así decidí escribirle si le apetecía que nos viéramos. Mi única intención era dejar claro qué había pasado y al menos acabar bien. Nunca obtuve respuesta.
Durante meses me sentí un fantasma sin ganas de salir, ni conocer a nadie, esperando el mensaje que nunca llegó. Ni siquiera sus amigos me daban respuestas y él me evitaba siempre que podía o me ignoraba completamente si estábamos juntos. ¿De repente le daba asco? ¿Había malinterpretado las cosas? ¿Había hecho algo mal? No os imagináis la cantidad de preguntas que me he hecho y la cantidad de tonterías en las que he pensado por intentar encontrar una explicación a su comportamiento. De verdad que no cuesta nada hacer las cosas bien.
Así que nada chicas, lo que podría haber sido un polvazo, se convirtió en la mayor rallada de mi vida, tanto, que desde entonces no he vuelto a acostarme con nadie más porque tengo miedo de que vuelva a pasarme lo mismo.