¡Hola chicas! No sé si este post viene a caso en #cuéntalo pero…
Hoy me ha perseguido un tío por varias calles mientras iba a encontrarme con mi madre. A pocos centímetros de mí en bici que podía oir perfectamente el ruido de la cadena de la bici. Claro, yo guardo el móvil y cojo el bolso con recelo imaginando un tirón de bolso o vete a saber qué. Al final me suelta «mmmmmmm qué buena» y me adelanta dándome los buenos días acompañados de unos cuántos piropos asquerosos más. Pues no he podido más… le he montado un pollo enmedio de la calle (con una terraza de bar llena de gente enfrente). ¿Tengo razón? Sé que sí. ¿He tenido vergüenza por haber montado el pollo? También. Al final me he dirigido a la gente de la terraza, que ha presenciado todo y se han quedado callados y mirándome (a mí y no a él) y les he dicho «¡¡es que ya está bien!!». Lo único que me ha reconfortado es que una señora me ha aplaudido. Cuándo he llegado a casa me he dado cuenta que HE SENTIDO VERGÜENZA POR DEFENDERME y que no es normal. Que tenía todo el derecho.
Perseguida y piropeada
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