Aquí al habla una mujer de 39 años con TEA nivel 1, TDAH y altas capacidades. Además, convivo con ansiedad generalizada, trastorno depresivo, fobia social, TOC y TEPT. Vamos, que encajo al 100% en el perfil que describes en tu mensaje.
Primero de todo, no hablo en nombre de todos, solo desde mi experiencia y la de personas cercanas. Muchos de nosotros fuimos esos “raritos” que teníais en clase, los que sufrían bullying, a quienes se culpaba de no encajar, de ser diferentes. Y resulta que muchos de esos “raritos” éramos neurodivergentes no diagnosticados. Porque en nuestra época, si eras funcional, si no dabas problemas, simplemente te ignoraban.
Y ese es, precisamente, el quid de la cuestión: antes no se diagnosticaba ni el autismo ni el TDAH si no eran evidentes. Si sacabas buenas notas, si eras callada, tímida o simplemente no molestabas, pasabas desapercibida. Además, tanto el autismo como el TDAH tienen un enorme sesgo de género. Históricamente, los estudios y diagnósticos se centraron en niños varones, mientras que muchas niñas, por presión social, aprendimos a camuflar nuestras dificultades para encajar. Nos enseñaron a fingir que todo iba bien, aunque por dentro nos estuviéramos rompiendo.
La mayoría crecimos pensando que estábamos rotas, que éramos defectuosas. Intentamos terapia, nos esforzamos por “ser normales”, y aún así nadie nos ofrecía respuestas. Solo culpa.
Por eso, ponerle nombre a lo que te pasa es profundamente liberador. No, no estás rota. No eres culpable por ser diferente. Entender que tu cerebro funciona distinto te permite abordar tus dificultades desde el lugar correcto. No se trata igual una fobia social en una persona neurotípica que en una persona autista. No se trata igual una crisis de ansiedad si también hay TDAH o trauma. Así que no, no es cierto que “ahora todo sean etiquetas”. Las etiquetas, cuando están bien puestas, son herramientas, no modas.
Se estima que alrededor del 20% de la población es neurodivergente. Así que sí, es lógico que muchas personas estén hablando de ello en redes. Y también es lógico que lo hagan más ahora que antes: porque por fin tenemos nombre, explicación y comunidad. La neurodivergencia, además, es hereditaria. Por eso somos tantos. ¿Que hay quienes comparten su experiencia en redes? Claro. Yo no lo hago porque tengo fobia social y la sola idea de ponerme delante de una cámara me agobia. Pero si no la tuviera, probablemente lo haría. No por “postureo”, sino para visibilizar, concienciar y ojalá ayudar a que personas como tú nos entiendan un poco más.
Y respecto a eso de que “se monetiza”… bueno, me dedico al marketing digital, así que te hablo con conocimiento de causa: salvo que tengas millones de seguidores, se gana muy poco con las redes. Casi nadie vive de eso. Que haya influencers neurodivergentes que han escrito libros o venden cursos… pues sí, como también lo hacen los neurotípicos. De hecho, hay montones de influencers neurotípicos que publican libros, lanzan marcas, dan charlas, venden cursos de todo tipo… y no ves a tanta gente indignada por ello. ¿O es que solo molesta cuando quien habla de su vida y de lo que le pasa tiene un diagnóstico? ¿Ahora resulta que solo podemos compartir nuestras vivencias si lo hacemos gratis, en silencio y sin ganar nada a cambio? Que alguien con visibilidad aproveche su plataforma para sacar adelante un proyecto no debería invalidar su diagnóstico.
La realidad es que yo casi nunca digo en voz alta que soy neurodivergente. Justamente por este tipo de reacciones. Porque sé que la gente pensará que me estoy subiendo a una moda. Lo mismo me pasa con mi hija, que también tiene diagnóstico desde Desarrollo Temprano. Es súper lista, y claro, como parece “normal”, incluso en su cole lo ponen en duda.
Así que, no, no es moda. Es que por fin tenemos palabras para describir lo que siempre hemos sido. Lo verdaderamente triste no es que ahora haya mucha gente hablando de salud mental. Lo triste es que haya personas que prefieran ridiculizar esa visibilidad en lugar de escuchar y aprender de ella.
Sé que este hilo se llenará de mensajes dándote la razón, de bromas, de incredulidad o directamente de incomprensión. Yo solo espero que este mensaje sirva, aunque sea, para que una sola persona lo lea y piense: “ahora entiendo un poco más”. Con eso, ya habrá valido la pena.