Hace 16 años llegué nueva a un nuevo instituto donde no conocía a nadie. Había un sitio libre al lado de un chico y simplemente le pregunté si estaba ocupado y me senté. Buena la hice..
Yo no sabía que el chico también tenía un problemilla (leve, de hecho estaba haciendo bachillerato), y que aquella «atención» de una chica al «querer» sentarse a su lado iba a marcarle de por vida. Años después del instituto, e incluso de la universidad, consiguió mi número de teléfono. Tengo que decir que no es demasiado pesado en el sentido de escribirme contínuamente, solo lo hace en fechas señaladas, pero cuando lo hace… digamos que lo hace mucho. Y desde que ha descubierto los audios, más. Me manda audios larguísimos insistiendo mucho en detalles muy incómodos, como sus recuerdos de mi cuerpo en el instituto (narrados de forma muy explícita).
Yo sé que no tiene maldad, pero es cierto que es muy violento que una persona con la que compartiste pupitre unos meses hace 16 años te siga escribiendo cosas sobre tu cuerpo. Y en este caso lo conozco, sé que tiene autocontrol y que no tiene maldad, pero está claro que una persona desconocida en un autobús no tienes forma de saber hasta dónde va a llegar, con discapacidad o sin ella. Empatía toda la que quieras, pero como se dice en mi tierra «quen ten cu, ten medo».