Reflexión en momentos de insomnio
Desde el momento en que deje de crecer pesaba 60-62kg. Me gustaba mi cuerpo, en general. Adoraba mi barriga plana, incluso curvada hacia dentro. Consideraba que tenía algo de cadera y culo. Y odiaba mis diminutos pechos.
En 2011 llegue a pesar 54kg. Me daba asco, parecía anoréxica. Estaba demacrada y desnutrida.
Fui recuperando mi peso habitual hasta que en 2013 engordé 10kg de golpe. Qué vergüenza me daba mi nueva barriga. Qué horror ese culo. Pero que geniales mis nuevas tetas.
Durante 5 años oscile de peso, llegando a 82kg. Dios mío! Me veía enorme. Pero de donde ha salido esa cara de pan mallorquín?!
Conseguí bajar.
En 2018 empecé a engordar… y engordar… y engordar. Este último enero llegué a mi tope: 97,8kg.
No gozo a decir en voz alta lo que sentía al verme, sobretodo al posarme en lateral delante del espejo.
¿Cómo podía ser que hubiese mejorado tanto mentalmente y hubiese empeorado tanto en alimentación? ¿Seguía en realidad con ansiedad que era enmascarada con comida?
En enero me retiraron una medicación con la que llevaba años.
El cambio fue brutal. No he parado de perder peso. Al principio no me di cuenta. Hacía tiempo que me desanimaba profundamente pesarme, por lo que no lo hacía muy a menudo. Un día me miré al espejo y pensé “¡hostia! ¡El tatuaje de debajo del pecho se esta escondiendo! ¡¿Se me están cayendo las tetas?!”
Sí, se me estaban cayendo. Porque se estaban vaciando. Porque perdía peso.
No me había dado cuenta y progresivamente iba comiendo menos. Me cocinaba menos cantidad de la de siempre y aun así me sobraba.
A dia de hoy peso 75,85kg. Hacía 2 años y medio que no tenía este peso y el cambio mental es… ¡buah!
La última vez que pesé esto me veía mal conmigo físicamente. ¿Hoy? ¡Hoy me veo estupenda! Es cierto que sigo teniendo un culo que considero grande. Es cierto que no estoy muy contenta (vale, nada contenta, lo digo a menudo) con mis pechos caídos. Pero la vergüenza que pasaba con mi barriga, en este mismo peso hace años, ahora se ha convertido en orgullo. ¡Mira mi barriga! ¡Ya no tengo tanto maremoto! Me subo la camiseta. La enseño.
Como cambia la percepción que tenemos de unos mismos.
El ser humano es fascinante.
Quien esta cerca de mi sabe, en mayor o menor medida, el autoinfierno propio que he pasado.
Me siento orgullosa de donde he llegado. Me siento agradecida a quien me ha apoyado. Queda camino por recorrer, siempre hay que seguir. Pero ahora… ahora tengo menos miedo.
Aina