¿Tendrías una relación monogama con un hombre que os dijera que no le gusta la penetración y que esta no acontecería durante la relación? Que no os la metiera, burdamente hablando.
Vuestro hipotética pareja en este escenario lo compensaría claro siendo un atento, interactivo y dedicado amante. Hábil en el sexo oral y en todo cuanto se pueda hacer en la cama.
En teoría, cuánto se ha publicado desde los ochenta sugeriría que desde la perspectiva femenina si podría tenerse sin problema, una vez se superara las nociones falocéntricas del discurso y guión cultural. La experiencia lésbica, donde presumo ignorante que la penetración apenas es un 2% de sus prácticas en la cama, vendría a dar cuenta de esto también.
Pregunto curioso al ver en el informe Hite y algún que otro post, que incluso entre las mujeres que se confesaban apenas sensibles a la penetración (las menos sensibles dentro ya de esa gran mayoría que no pueden correrse tan solo con la penetración) la resaltaban y celebraban por la intimidad y sensaciones que brindaba.
Esto para algunas feministas es un acto compensatorio, un fenómeno por el cual gran parte de las mujeres por la falta de placer sexual propia obtienen esta de verlos en sus parejas varoniles, perdidas en discursos sociales de complementaridad (pene-vagina, hombre-mujer) y demás.
¿Cuál es el supuesto peso que le dais a la penetración en las relaciones? ¿Es algo que de faltar sea motivo suficiente para romper una relación?
Presumo que esto raramente acontece y que es más posible en escenarios con micro-penes o parejas con disfunción eréctil, pero me gustaría saber vuestro parecer y de haber, experiencia.