Reproducimos un testimonio que nos llega via mail:
Tengo un compañero de trabajo que me pone a mil quinientas revoluciones.
Lo busco y lo encuentro. Hay miradas furtivas, hay complicidad, sonrisas, creo que le gusto.
Es muy guapo y tiene un cuerpo para darle unos cuantos bocados por cualquier parte.
¡AY amigas! Lo comería entero a la hora del almuerzo, no os lo quiero ni contar.
Suelo inventar tareas para fotocopiar, ya que la fotocopiadora esta cerca de su mesa y cuando estoy en plena faena, creo que estoy más caliente yo que la propia máquina. Chorrean hasta mis folios.
Que si un café rápido un día, con más gente, qué si hoy comemos juntos en la cafetería del curro, no solos, pero, algo es algo la verdad, tengo esperanzas.
Un día me pregunta que si podría quedar ese viernes fuera del ámbito de trabajo a cenar. AHHHH! Que me da algo, por fin una cita,
La verdad, ya que siempre va acompañad de un compañero nuestro de curro con el que tiene mucha amistad, y con el que yo no tengo demasiado «feeling», pues accedí. Nunca entenderé muy bien esa amistad, no por nada si no porque el otro tipo es muy borde, nada que ver con él. Es un tío antipático, poco social, y con un carácter muy introspectivo, un poco machista y le he atisbado alguna vez algo de homofobia, por comentarios que hace.
Así que si accedí al encuentro, nos veríamos a solas y podríamos dar rienda a nuestra imaginación sin tener testigos presenciales.
A partir de ese momento, mi corazón y mi cabeza se pusieron a tono. No podía dejar de pensar en esa bendita cita.
—¿Qué me pongo? —
—¿Voy a la pelu—
—¿Qué ropa interior la muy muy sexi por si acaso?
Un sinfín de dudas que con ayuda de mis amigas fui aclarando hasta que llego la cita.
Aquel día fue muy raro que comentase en el ascensor:
—Que bien que hayas aceptado, no estaba seguro de que te gustara—. Pregunta un tanto rara teniendo en cuenta que babeo hasta por las orejas cuando le veo.
Su camisa, a veces un pelín desabrochada de la parte de arriba deja intuir lo depiladito que va, los hombres que no tienen pelo me vuelven loca.
Aparezco en el restaurante y llega el, unos minutos después, estábamos en la barra cuando va y suelta:
—Bueno que me encanta que te guste mi amigo—. (el compi de curro del que os he hablado antes)
—Que llegará enseguida y os dejo, así os conocéis mejor.
Quería morir, el compañero es todo lo contrario a lo que a mí me atrae, todo lo contrario a mis ideales y a lo que yo busco en una persona y además, a mí me gusta él no su compi.
Así que, allí me quedé, compuesta y sin novio, tragándome una cita con un señor serio, antipático, machista y homofobo, de la cual salí airosa como pude. Fui educada y me despedí enseguida.
Al día siguiente la cita me dio pie a hablar con mi amor platónico, de nuevo en la fotocopiadora, fui sincera y quedamos al día siguiente. Así que chicas, la moraleja es:
Aunque nos de miedo lanzarnos, hay que ser sincera porque nunca se sabe cuál será la respuesta. Respecto al otro chico, pues seguro que encuentra a alguien más acorde con su carácter y su forma de pensar.