Tengo 40 años, llevo con mi pareja desde los 17.
A pesar De que desde el principio habían claras alarmas, el amor no me dejó ver dónde me estaba metiendo.
El tenía 10 años más, estaba separado y tenía una hija pequeña.
Yo soy adoptada, no sentía el amor real de mi familia adoptiva y a la biológica no la conocía (Cuento esto para que entendáis que en cuanto encontré a alguien que me dio cariño y se preocupó por mi, me deslumbre).
Al principio la relación era genial, pero cuando vio que me encariñaba con su hija, la cosa cambió.
Empezó a salir de fiesta y a serme infiel, y cuando le reclamaba su actitud, me insultaba diciendo cosas como «que vas a hacer si me dejas?, nadie te quiere, ni siquiera tus padres que te abandonaron».
Entre que yo tenía la autoestima por los suelos, y el terror que me producía el hecho de no volver a ver a su hija, a la que quería con locura, no me atrevía a dar el paso de salir de ahí.
Después me quedé embarazada de mi primera hija, me hizo la vida imposible durante todo el embarazo con sus insultos y faltas de respeto.
Su hija, con 10 años, dejo de venir a nuestra casa porque no aguantaba a su padre, de hecho le contaba a su madre lo que ocurría en casa, que «siempre estaba chillando y le molestaba cuando ella hablaba o jugaba y me decia palabras feas».
Fue entonces tuvimos la primera separación, su hija no estaba ya, y también le molestaba mi hija.
Volvió a buscarme, dijo que iba a cambiar, y que por favor que había perdido a su hija mayor, que no lo separara de la nuestra, y yo caí, como una idiota y vuelta a lo mismo.

Decir que fuera de las protestas por el ruido y el desorden de una niña pequeña jugando, con mi hija no se metía.
Entonces llegó mi segundo embarazo, este fue muchísimo peor, a los insultos, se le sumaron nuevas infidelidades, llegando incluso a ponerme a la susodicha delante, lo que provocó una gran pelea.
Era tal mi estado psicológico, que tuve la regla hasta el 6 mes de embarazo, con grandes derrames y amenazas de aborto incluidas.
Cuando tuve a mi hijo, la cosa fue empeorando gradualmente, mi familia adoptiva me dejó de lado por qué estaba con el, yo trabajo en hostelería y se presentaba donde yo trabajaba a beber e interferir en mi trabajo, lo que provocaba que no durara mucho en ningún sitio.
Hace un tiempo, me detectaron una enfermedad degenerativa, que provoca que tenga la movilidad muy reducida, y mi imposibilidad de trabajar, desde entonces el ha ido subiendo el tono de las agresiones verbales, hasta el punto de que mi mente está prácticamente destrozada.
Mi hija es mayor de edad,y ahora sus insultos, también van dirigidos a ella la llama «puta callejera» y le dice que «se va a zorrear» esto es el click que necesitaba para decir STOP.
No quiero que mi hija aguante lo mismo que yo, y no quiero que mi hijo tenga ese ejemplo.
El hecho de estar sin trabajo, sin dinero y sin ningún sitio donde ir me hace imposible, salir de este infierno y sacar a mis hijos, estoy desesperada.