Llevo unos cinco años con mi actual pareja. Como todos los principios, todo era maravilloso. Todo súper romántico. O al menos, eso parecía. Como el amor es ciego, todos los defectillos o cosas que no me encajaban, las minimizaba hasta hacerlas desaparecer. Era el hombre perfecto, el príncipe de mis sueños.
Pero con el paso del tiempo, la venda se va cayendo de los ojos y acabas viendo todo con claridad. Sus faltas, sus manías. Que ya sé que todos las tenemos, pero bueno, que siempre molestan más las ajenas que las propias ¿no?
A ver, que no es mala persona. Nos divertimos juntos, el sexo es bueno y hay un amor cómodo entre nosotros, pero desde que se dio cuenta que me tenía segura, pues ya no se esfuerza en mantener la llama encendida. Más de una indirecta le ha caído al respecto, pero chica, nada, como si oyera llover. Está claro que los tíos las indirectas no las pillan. O al menos, la mayoría.
Y ya sé que es normal que no sea todo como al principio, que es normal que las maripositas hayan emigrado a otros países más cálidos. Pero yo las echo de menos, sinceramente.
Y luego está mi amigo. Mi mejor amigo. Somos del mismo grupo desde hace ya un montón. Y él me trata increíble. Ahora mismo no tiene pareja estable. Dice que está en su época golfa, después de un desengaño amoroso que lo dejó bastante hecho polvo, y ahora le tira a todo lo que se mueva. No sé cuántas parejas lleva en un año. Le tira a todas menos a mí. A mí me respeta porque soy su mejor amiga y eso es lo más importante para él. Más de una vez me ha dicho que soy una de sus personas favoritas. Me trata como si fuese su hermana pequeña. Me mima, me consiente. Y aunque me suele hacer bromas de doble sentido, sé que sólo son bromas. Incluso alguna que otra vez le ha dicho a mi pareja que vigile, que, si no me cuida, él se va a aprovechar y me va a robar.
¿Sabéis lo que me jode? Que a raíz de un sueño tonto (muy subidito de tono en el que él y yo éramos los protagonistas, ya me entendéis), no puedo dejar de fantasear con él.
Es que, a ver, tenemos gustos similares, un sentido del humor muy parecido y unos caracteres que encajan a la perfección. Y un abrazo suyo me calma todos mis demonios interiores.
Lo confieso, si me tirase ficha de verdad, si me dijese que quiere intentarlo conmigo, no me importaría arriesgarme a perder nuestra amistad por tener algo más. Porque estoy segura que sería genial.
Pero en el fondo también pienso que acabaría terminando, porque él acaba terminándolo todo. Y con mi pareja estoy cómoda, aunque no sea el colmo del romanticismo. Y es buena gente. Y no se puede decir que estemos mal. Puede que no sepa estar sola, no lo sé.
Eso sí, una cosa tengo cada vez más clara: si mi amigo me tirase ficha, hasta luego relación de cinco años.
