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EL ORGULLO ME IMPIDE HABLAR CON MI MEJOR AMIGA
Hace algo más de tres años que mi mejor amiga y yo nos peleamos. Cada una seguimos con nuestro camino, pero al vivir en el mismo barrio nos vemos a menudo, y eso la verdad es un problema. Cuando coincidimos en algún parque me doy cuenta de con cuanta ternura y cariño mira a mis hijos, ellos incluso se acercan a ella para saludarla, y siempre tiene algún chupa chus o piruletas para ellos, al principio yo estaba muy enfadada y no quería que se acercaran, les prohibí hablar con ella. Admito que fui una idiota porque los niños no tienen nada que ver, y, al contrario. Ella los quiere como si fueran suyos. Por que estoy segura de que le pido algo para ellos y no dudaría en ayudarme. Pero soy una orgullosa.
Ahora que estoy atravesando por una situación complicada me doy cuenta de que ella siempre estaba ahí para ayudarme con lo que fuera, y no es que quiera arreglar las cosas porque la necesite, sino porque la quiero y la echo de menos.
El juntarnos en mi casa y hacer alguna cena los viernes y preparar algunas recetas de las que nos enviábamos por Instagram regadas con buen vino y creando nuevos recuerdos, o como tenía la paciencia para ayudarme a cuidar de mi hijo cuando se ponía malo. La verdad es que ha sido una gran amiga.
Desde hace un tiempo he bajado la guardia con ella, antes si la veía pasar echaba la vista para otro lado, ahora la miro a los ojos y espero a que trate de iniciar alguna conversación, pero no hay respuesta. Tan solo como mucho un, buenos días, o un adiós por educación. Cuando hemos coincidido en alguna tienda y hablaba con alguien, he intentado participar en la conversación, pero ella ha zanjado rápidamente el tema.
Hace unas semanas hablé con su hermana, y esta me pidió que no insista, porque, aunque está en mi misma situación, me quiere y me echa de menos, simplemente se cansó de esperar y no quiere que nadie interfiera ni haga nada. Además, que, según ella, sacan el tema de conversación y se molesta. Con mi marido es diferente, ella le ha preguntado por mis suegros e incluso por mi salud, pero poco más de un trato cordial.

El problema es que ella intentó por muchos medios arreglar la situación, pero yo, que siempre he sido la rencorosa, orgullosa y prepotente, aunque me cueste reconocerlo, puse un muro demasiado alto y ancho como para que ella sola lo pudiera romper, y ahora, me estoy arrepintiendo cada día más, porque ahora yo soy incapaz de romperlo para llegar a su lado.
Según sus propias palabras, “si quiere algo que venga ella a decírmelo en la cara” pero que nadie se meta. Lo hace porque sabe que soy incapaz de quitarme la mochila en la que llevo todo el lastre, y de hacerlo, le estaría dando la razón con respecto a lo que sucedió. Es verdad que he buscado la forma de hablar con ella habiendo más gente, pero el corazón se me acelera y no me salen las palabras para decirle de tomar un café las dos, o invitarla a un vino un viernes por la noche en casa. Las palabras se quedan atravesadas por el mismo sitio donde tiene que pasar ese café o vino y ella, desde que me envió un mensaje para felicitarme por navidad, y siguió sin respuesta, no ha vuelto escribir ni a intentar algún contacto, ni siquiera en mi cumpleaños, o en el de mis hijos. Se cansó de no tener respuesta y…
Creo que de seguir con este orgullo la voy a perder para siempre.