Buenos días, soy madre divorciada con tres niños de quince, once y cinco años. El capullo de mi exmarido decidió largarse hace dos años a vivir a Canarias y me dejó a mí sola con el marrón de tener que encargarme yo de los tres. Me pasa una pensión, pero eso es lo que necesitamos para vivir, junto con mi sueldo. No me basta para nada más, por lo que además de trabajar, tengo que ir como una loca llevando a los pequeños al colegio y a las extraescolares y recogiendo al mayor de sus salidas por la noche.
No me da la vida y siento que, aunque no es su responsabilidad, mi madre podría ayudarme un poco más. Cuando me divorcié, los primeros meses compartía la custodia con mi ex y así yo también tenía un tiempo para mí. Pero desde que se largó, ella me ve desbordada y no se ofrece a quedárselos algún fin de semana, tengo que ser yo la que se lo suplique para intentar descansar al menos un día. Entre la casa, las comidas, colegios, institutos, extraescolares y salidas, siento que me falta el aire y que voy a explotar.
Veo a mis amigas que pueden contar con el apoyo de sus madres, que ejercen felices de abuelas y les echan una mano para que ellas tengan algo de vida y yo me ofusco de ver que he quedado relegada al papel de madre alocada, que ni es mujer ni tiene derecho a nada.
Me siento muy sola y no sé cómo voy a afrontar esto durante más años sin caer en una depresión. Mi madre tiene un carácter reservado y no sé cómo hablar con ella. Si me ayudara un poco más, si pudiéramos repartirnos algunas tardes o dejarme libre los fines de semana, no sé… algo que me permitiera cuidarme, apuntarme al gimnasio y dedicarme tiempo a mí, todo sería más fácil y llevadero.
