Esto no va de machismo ni de feminismo. No va de competir con nadie. No es un chisme ni un intento de exageración. Es una sensación muy concreta que he tenido hoy.
En media hora he hablado muy intensamente con tres generaciones de mujeres y me he visto a todas a la vez.
Primero, mi compañera de piso. Tiene 22 años. Va a empezar algo con un chico que le saca más de diez años. Me lo ha contado con unos ojos de ilusión tan brutales que casi dolía mirarla. Sé que probablemente le van a hacer daño. Sé que no va a funcionar. Pero también sé que ningún consejo sirve cuando estás en ese punto. Los consejos se oyen, pero no se integran. Ella se va a pegar sus hostias, como nos las hemos pegado todas.
Después la he visto vestirse para salir. Yo no tengo ni idea de moda y ella lo sabe. Pero ha venido a preguntarme si iba demasiado arreglada o demasiado poco. No quería una experta en estilismo. Quería otra mujer que le dijera “vas bien”. Y yo la entendía. Porque sé lo que es querer gustar y al mismo tiempo querer que no se note que quieres gustar.
Diez minutos después estaba hablando con mi mejor amiga. Tiene 40 años. Yo 30. Me hablaba de su última ruptura, de otro intento fallido, de la maternidad que no va a llegar, del cansancio acumulado de años intentando que algo encaje. Y la escuchaba y sentía que estaba viendo una etapa que aún no he vivido, pero que podría ser mía. Y aun así, la sentía igual a mí. No como alguien mayor. Igual.
Y un rato más tarde me encontraba hablando con mi madre y con mi tía sobre herencias en vida, sobre decisiones prácticas, sobre futuro. Y me descubrí discutiendo como si fuéramos iguales, cuando evidentemente no lo somos. Ellas están en otra fase completamente distinta y me sacan mucho más saber.
A la de 22 la veo como cristal. No frágil, sino transparente. Porque ya he estado ahí y reconozco cada todo cada ilusión y cada error que todavía no ha cometido pero va a cometer.
A la de 40 la veo como una compañera de viaje, aunque me saque diez años. Como un espejo adelantado.
Y a las de 60…algún día lo entenderé de verdad.
Y en todas hay algo común. Una complejidad mental y emocional que no sé explicar sin que suene exagerado. Pensamientos en capas. Miedo y deseo conviviendo. Ilusión y escepticismo a la vez. Fortaleza y vulnerabilidad. MÁS COMPLEJAS.
No digo que ellos no, y de verdad, tengo algunos hombres geniales en mi vida, y se que son complejos también, pero tanto? Tal vez si, en otros aspectos…no lo sé. Sin hacer de menos a los hombres, de verdad que no es eso. Pero tengo la sensación de que estamos hechas de otra pasta. Sea cultura, hormonas, educación o experiencia acumulada. Tenemos una forma de sentir y pensar que es nuestra mayor virtud y también nuestra mayor tortura.
Y hoy, en media hora, las he visto a todas y…lo he sentido así
