El sábado a la noche un desconocido me abrió los ojos y me hizo darme cuenta de quién soy yo. Empezó a darme consejos sobre la situación en la que estoy con un chico. Un chico el cual todavía no sabe que me interesa. Un chico al que cada día que veo intento preguntarle por una cita y no me atrevo. Entonces es cuando pienso que estoy perdiendo oportunidades y el tren un día se irá, se buscará a otra y por miedo a un no que ya tengo, no me habré intentado subirme a él. Porque hasta el sábado pensaba que el tren era él.
Pero no. ¡NO! Lo quiero gritar. EL TREN SOY YO. Y el desconocido me lo dijo, hizo que me lo creyera. “El tren eres tú, si él no se monta, sigue para adelante, hay más paradas con mucha gente”.
Antes que nada quiero aclarar que el desconocido sabía la historia porque mi amiga borracha se la soltó cuando el chico en cuestión pasó, hablamos medio minuto y se fue. Mi amiga y los desconocidos a los que había relatado mi humillante historia (de noche ante desconocidos me sentí pequeña, sí) se pusieron de acuerdo en que si el susodicho no se quedó a hablar más, es que él no muestra el mismo interés. Vale, sí, lo sé, pero necesito oírselo decir a él. No sé por qué, sus actos no me valen. Supongo que le doy mucha importancia a las palabras.
Ahora sabiendo que el tren soy yo, siento la fuerza de ir y preguntárselo. Porque quiero aclarar mi cabeza, quiero empezar el año nuevo sin comeduras y porque yo lo valgo, qué c*ñ*.
Y como yo me he dado cuenta este fin de semana, quería trasladároslo a todos. Nosotras, cada una de las personas es un tren, con velocidades diferentes, algunas siguen la vía sin parar, otras descarrilan, algunas avanzan en direcciones contrarias a las que nos gustaría y otras de repente se unen en la misma dirección y hasta se pueden juntar los vagones.
Lo que tenemos que interiorizar es que perder un tren, no significa que no vayan a pasar más. Hay miles de trenes andando en todas direcciones, de todas las formas y de todos los colores. Ahora lo que tenemos que hacer es saber hacia qué dirección queremos ir, qué tipo de tren somos y como queremos que nos vean. Y unirnos a todos los trenes que hay por las vías de la vida.
Ya os contaré si este tren consigue subir a ese pasajero deseado o sigue para adelante.