Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Soy mala madre.
Soy mala madre por haber parido por cesárea, perder mucha sangre, casi morirme y no conocer a mi hijo hasta el día siguiente, ya tarde.
Soy mala madre por no poderme mover en el hospital y dejar la carga del niño al padre, y que él no pudiera bajar a fumar.
Soy mala madre por no poder moverme los primeros días y que el padre de mi hijo tuviera que hacerlo casi todo.
Soy mala madre por engordar, por querer recuperar la figura, por querer hacer deporte, y que el padre de mi hijo diga que es porque quiero que me la metan.
Soy mala madre por trabajar y no ganar lo suficiente.
Soy mala madre por enfadarme.
Soy mala madre por llorar.
Soy mala madre por pasar un postparto de mierda sin que nadie me entienda.
Soy mala madre por sentirme sola y mal a diario.
Soy mala madre por permitirme llorar los cinco minutos en coche que tardo en llegar al trabajo.
Soy mala madre por encargarme de todo lo que conlleva la guardería del niño.
Soy mala madre por comprarle cosas a mi hijo y verle feliz.
Soy mala madre por hacer el payaso, por hacerle reír, por enseñarle tonterías.
Soy mala madre por leer con mi hijo.
Soy mala madre por permitirme un capricho.
Soy mala madre por no querer que mi hijo comparta con gente que no me gusta.
Soy mala madre por querer permitirme un día sin estar con mi peque, y que él disfrute con su padre.
Soy mala madre por dar mi opinión.
Soy mala madre por querer prosperar y no hundirme, aunque ya lo estén haciendo por mí.
Soy mala madre por no dejarme pisotear.
Soy mala madre por maquillarme, porque claro, “voy a lo que voy”.
Soy mala madre por pedir.
Soy mala madre por no comprar cerveza para el padre y preferir ahorrar para el niño.
Soy mala madre por dar y no recibir ni un “gracias” a cambio, porque todo el mundo lo da por hecho.
Soy mala madre por levantarme pronto, arreglarme, preparar las cosas, despertar al peque, llevarlo donde mis padres, darle el desayuno, lavarlo, vestirlo, irme a trabajar, volver a las 17:15, recogerlo, darle la merienda, mimos, teta, vestirlo, ir a casa… y querer descansar. Mientras su padre me llama vaga por no hacer cosas en casa, cuando él ha salido a las 15:00 y está jugando al PC, y le toca recoger a él.
Soy mala madre por hacerle cena a mi hijo y que no le guste, y que llegue su padre y le dé mierdas no nutritivas.
Soy mala madre por callarme muchas veces.
Soy mala madre por decir lo que no me gusta.
Soy mala madre por llevar una vida de complejos.
Soy mala madre por querer ir al parque con el niño, por querer visitar sitios que sé que le van a gustar.
Soy mala madre por dejar que mi hijo vea cómo su padre me trata mal.
Soy mala madre por despistarme un segundo y que mi hijo se haga daño en un dedo (es muy trasto y la lía mucho, te das la vuelta y zas), y salte en casa la Tercera Guerra Mundial de insultos.
Soy una payasa.
Una vaga.
Una asquerosa.
Una mala madre.
Y un sinfín de insultos más.
Soy mala madre por aparentar lo que no es.
Y cada día, todos los días, me lo recuerdan.
Dedicado a ti, Z, ven a ver a la mala madre de tu hijo.