Tengo 23 años y actualmente vivo en una residencia de estudiantes ya que estoy estudiando fuera de casa. En clase he conocido a una chica con la que me llevo francamente bien. Llevamos ya algunos años compartiendo confidencias, nervios por los exámenes, salidas nocturnas… y, vamos, se podría decir que es mi amiga del alma de la universidad.
Este año tuve que pasar algunas semanas en su casa (y en la de sus padres) por culpa de un malentendido en el papeleo de la residencia. Ellos me acogieron sin problemas. Yo ya conocía a sus padres de alguna visita que había hecho antes a su casa y siempre me parecieron gente muy normal y divertida. Pero claro, estos días conviviendo con ellos la cosa ha cambiado un pelín.
Una noche estábamos viendo una película en la que salía Brad Pitt y yo comenté lo mucho que me atrae físicamente. Entonces empezamos a hablar de maduritos interesantes, sugar daddys… Fue una conversación sin más, y al acabar la peli nos fuimos a la cama. El asunto es que desde esa noche el comportamiento de su padre conmigo cambió bastante, sobre todo cuando estamos solos en la misma habitación. De repente notaba que me soltaba pullitas de tipo tonteo, muy sutiles pero también evidentes, o que me lanzaba piropos sin venir a cuento. Y he de decir que aunque al principio me chocó bastante, poco a poco me fue llamando la atención y (error) empecé a seguirle el rollo.
Es un hombre elegante y súper guapo, con voz grave y siempre huele fenomenal. Podemos decir que sí, el daddy de mi amiga, es mi sugar daddy. Y claro, tonteo va, tonteo viene, hace unos días recibí un mensaje desde un número que no tenía guardado. Era él desde el móvil de la oficina. Me ha propuesto que nos veamos una noche a solas, con cena y lo que surja, como algo puntual solo para nosotros.
Sé que está fatal ya solo el hecho de que me lo esté pensando, sé que mi amiga no me lo perdonaría jamás si es que se llega a enterar, pero también sé que tontear con él ya ha sido un error garrafal. No lo negaré, si no fuera el padre de mi amiga aceptaría esa cita sin pensármelo. ¡Qué lío chicas!