Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Sé que cuando se menciona la palabra ‘’suegra’’ tendemos a pensar en una mujer más bien mayor, de al menos 65 años y en la mayoría de los casos de mentalidad más bien conservadora, poco dispuesta al cambio y con pocas habilidades informáticas fuera del Whatsapp y del Facebook. Sin embargo, antes de empezar a hablaros de la última ocurrencia de mi suegra es necesario que sepáis un poquito cómo es: mi suegra tiene 53 años y un buen trabajo. Es bastante moderna, va siempre impecable e incluso tiene un par de pequeños tatuajes. No sólo está acostumbrada al manejo de ordenadores por su trabajo, sino que siempre ha sido bastante activa en redes sociales y no ha tenido problema nunca en comprar por internet.
Hasta que se fue a vivir al pueblo.
Y es que igual esto es un poco malpensado por mi parte, pero si algo tiene en común mi suegra con la mayoría de suegras que he conocido o de las que he oído hablar es su afán de protagonismo, el buscar dramas donde no los hay para que sus hijos, y de rebote, sus nueras, tengamos que estar pendientes de ellas 24/7. Y, ¿con qué le ha dado ahora a la buena señora? ¡Exacto, con las compras por Internet!
Hará cosa de un año o así que mi suegra se fue a vivir a su casa del pueblo, ya que ella trabaja allí y así evitaba coger tanto el coche. Además, se ha tirado años arreglándola y se ha gastado un pastizal, así que también estaba deseando disfrutarla como es debido, cosa normal y lógica. Total, que se fue al pueblo, que está a unos 10km. de la ciudad en la que vivimos y dejó de venir, y cuando digo que dejó de venir no me refiero a que no venga a visitarnos o por ocio, no: es que no viene ni para hacer la compra. Esto acabó con mi novio y conmigo aprovechando para llevarle ‘’cuatro cosillas que me hacen falta’’ cada vez que íbamos al pueblo, y quien dice cuatro cosillas dice compras completas. Pero eso no es lo peor, porque bueno, puedo entender que si vamos a ir de todos modos no nos cuesta nada llevarle la compra en alguna ocasión puntual: lo peor es que llegó un punto en que mi novio empezó a ir exclusivamente para llevarle la compra, como si ella estuviese impedida y no pudiera coger el coche y conducir cinco minutos.

Tras unos cuantos viajes mi novio se plantó y le dijo que ya estaba bien, que no teníamos problema en llevarle algo que le hiciera falta si pensábamos ir al pueblo, pero que no podía estar todas las semanas haciendo viajes para ella y su coño moreno. Así, a pesar de que al principio hizo un poco de drama, reinó la paz durante unos meses: íbamos al pueblo de vez en cuando, ella venía a comprar cuando le hacía falta y solía quedarse a comer y poco más.
Entonces se echó novio, concretamente un novio que no compraba por internet, o al menos no directamente porque decía que no se fiaba: en lugar de eso, pedía a sus hijos o a amigos suyos que le pidieran lo que necesitara cuando fueran a hacer un pedido a Amazon, Shein o lo que fuera y les daba el dinero en metálico. Y yo no sé si es que le comió la cabeza a mi suegra con que la iban a espiar y a robar los datos o si es que le pareció una idea estupenda para no complicarse la vida, el caso es que empezó a endilgarnos las compras online a nosotros. Al principio eran pocas cosas y siempre sin prisa, coincidiendo con que nosotros fuéramos a pedir algo, ya que normalmente hacemos pedido conjunto y esperamos a tener varias cosas en el carrito. Pero poco a poco empezó a pedir por internet TODO: ropa y calzado que la mayor parte de las veces nos tocaba devolver porque al verlo en persona no le valía o no le gustaba, coleteros y pinzas para el pelo, lienzos y pinturas, maquillaje, ¡hasta pinzas para tender la ropa y papel higiénico! Y para colmo exigiendo porque de repente todo le corría muchísima prisa. Mi novio habló con ella para decirle que, en primer lugar, no íbamos a hacer un pedido única y exclusivamente para algo tan nimio como unas pinzas de tender, y en segundo lugar, que le costaba menos ir al bazar del pueblo que comprarlas por internet por mucho que quisiera comprar un paquete en el que vienen más o menos millón y medio de pinzas. Ella trató de defenderse alegando que qué más nos daba, si nos iba a pagar lo que compráramos para ella y que además prefería comprar por internet porque había muy buenas ofertas, pero que claro, que le daba miedo que le robasen los datos porque al ser mayor (?) tiene menos conocimiento de los entresijos de internet que nosotros.
Durante una temporada hemos seguido haciéndole pedidos por internet, eso sí, marcando límites y haciendo que se espere a que pidamos nosotros lo que sea; sin embargo, tras aguantar muchas pataletas y rabietas por su parte hemos optado por otra táctica, que, al menos de momento, parece haberla dejado muda: hace unos días le enviamos un artículo que encontramos por internet en el que se hablaba de robo de datos, suplantación de identidad y estafa en términos muy técnicos y le dijimos que habíamos estado investigando y que tenía razón, que comprar por internet es muy peligroso y que en adelante sólo vamos a comprar en tiendas físicas, que además así fomentamos el comercio local y aprovechamos para salir a pasear cuando necesitemos algo. De momento no ha podido hacer otra cosa que darnos la razón, y puede ser que vuelva a tratar de encasquetarnos las compras con cualquier otra excusa. Eso sí, su hijo le ha invitado a venir siempre que necesite algo y aprovechar para pasar tiempo con nosotros, con lo cual a lo mejor acabamos teniéndola en casa todo el día. Eso o, en el mejor de los casos y también el menos probable, a lo mejor pilla la rutina de venir de vez en cuando, echar un ratito y hacer los recados.