Como dicen, la realidad supera la ficción. Ha dejado de ser algo raro que nos lleguen a través de los medios de comunicación, Internet, de la barra de un bar o de la cola del súper ideas negacionistas. Ahora cuando oímos hablar a un terraplanista, es más una anécdota que un símbolo de la deriva antiintelectual que vivimos.
La libertad de expresión tiene muchas ventajas, pero también algún retroceso. Igual que hay personas con malas ideas, también las hay con ideas infundadas. Una vez que se da cabida a todas las voces, aunque algunas estén muy desafinadas, se intentan respetar.
El término teoría conspirativa abarca tanto disparates pseudocientíficos como relatos históricos. Cada vez más extendidos por la viralidad de sus ingredientes, más que por su fiabilidad, algunas teorías conspirativas pasan a formar parte de nuestra visión del mundo.
QAnon es una de las conspiraciones más relevantes últimamente. Se trata de la “leyenda urbana” afín a Donald Trump y su círculo que asegura que las elecciones de 2020 fueron amañadas e incitaron el atentado del 6 de enero de 2020 contra el Capitolio de Estados Unidos. Las mismas voces de este grupo aseguraban que el Partido Demócrata eran prácticamente una secta que utilizaba a niños para satisfacer sus oscuros deseos. El tiempo, el discurso y la información que se va filtrando a través de los archivos de Epstein parecen demostrar que élites del signo político que fueran, así como aristócratas y celebrities estaban metidas en semejante infierno.
Muchas veces una mentira encierra parte de verdad, y eso es lo que la hace atractiva para difundirse y ser creída. Aunque muchas veces las conspiraciones vengan de grupos marginados o minoritarios, también en gran cantidad de ocasiones son relatos diseñados y maquillados por grandes intereses y corporaciones.
El filósofo y politólogo Karl Popper, denunciaba cómo los totalitarismos del siglo XX (y si pudiera verlos, los del siglo XXI) basaban parte de su fanatismo en la conspiración: recurriendo a complots imaginarios conducidos por escenarios paranoicos predicados en el tribalismo o en el racismo. La Alemania nazi y la Unión Soviética difundieron por ejemplo relatos distorsionados y retorcidos sobre cómo ciertos grupos humanos eran inferiores, justificando de cara a su pueblo la superioridad de su identidad nacional.
También el tiempo pone a cada uno en su lugar. Hoy en día sabemos que varias de esas teorías conspirativas que antaño podían parecer relatos de locos y colgados, han demostrado ser ciertas.
La CIA llevó a cabo el Proyecto MK Ultra intentando descubrir el control mental. Este programa drogó y torturó a múltiples sujetos humanos sin su consentimiento ni conocimiento. También la CIA ha colaborado con cárteles de droga, permitiendo y hasta apoyando sus actuaciones criminales a cambio de información y medios.
Parece que en el mundo tan loco en el que vivimos, cualquier locura es posible que sea cierta. Aunque conviene tener la mente abierta, también es necesario recurrir al sentido común. A pesar de que muchas fuentes serán falsas (a propósito o no), la misión de reconocer entre relato y dato es responsabilidad de cada uno.