Texto enviado por seguidora a [email protected]
Me gusta la belleza, lo bonito, lo estético, y no me escondo. Aparte es cierto que la vida me ha premiado con un buen físico que aparte, cuido con esmero. Como muy sano, practico deporte y tomo suplementos varios. Disfruto cuidándome, como también disfruto cuando me pongo una prenda y me gusta como me queda y la imagen que el espejo me devuelve de mí misma.
Me hago tratamientos faciales y capilares cada equis tiempo. No bebo, no fumo, digamos que mi inversión más importante es mi cuerpo, porque cuando mi cuerpo se siente bien y luce como a mí me gusta, es mi mayor recompensa.
Hace un par de años que me operé por primera vez. Tenía el pecho más bien pequeño y como tengo el culo alto y trabajado, como se llevan ahora, es verdad que sentía que necesitaba tener más pecho para verme más compensada.
Admito que lo malo de entrar una primera vez en quirófano y que te guste el resultado, es que es como tatuarse, que ya nadie se tatúa sólo una vez. Se abre la veda. Y a mí, pues he de reconocer que no hay nada que me guste más que un retoque estético bien hecho.
Desde aquella primera vez me he retocado también nariz y mentón, así como también me pincho los labios para tenerlos más gorditos y jugosos. Lo último que me he hecho ha sido una marcación abdominal porque aunque soy muy deportista desde siempre, nunca se me habían marcado los abdominales y me parecía lo más. Esa operación me ha quedado increíble.
A mí nadie me paga mis caprichos estéticos, sino que los pago yo con mi trabajo. Por otra parte, mi cuerpo es mío y aunque sea joven tengo la cabeza amueblada como para saber dónde me meto. Pero claro, todo quirófano requiere de un postperatorio y ahí es donde entra mi madre.
He pensado en retocarme los pómulos y cuando se lo conté el otro día a mi madre se enfadó mucho. Me ha dado un ultimátum y me ha dicho que no cuente con ella si me vuelvo a operar, porque ella no está de acuerdo. Me dijo que se negaba a volver a encargarse de mí con tanto postoperatorio. Sé que no es por el trabajo en sí, sino porque no entiende que me guste la estética y que me exponga tanto a que algo pueda salir mal, siempre me pone de ejemplo la gente a la que le hacen carnicerías porque se ponen en manos del primero que pasa. Estoy harta de explicarle que yo me opero en una reconocida clínica, pero su forma de hacer presión para quitarme las ganas es negarse a acompañarme, porque obviamente, si no cuento con su ayuda, prácticamente no puedo hacerlo. Vivo sola y cuando me opero, dependiendo de lo que me haga, necesito ayuda. Con la marcación abdominal por ejemplo, estuve muchos días muy jorobada y ella estuvo a mi lado cuidándome.
En fin, que entiendo que como madre me quiera quitar las ganas, pero me da rabia que al final ese ultimátum pueda decidir sobre algo que yo me quiero hacer en mi cuerpo y con mi dinero. Ella dice que yo soy muy egoísta y yo le digo que la egoísta es ella ¿vosotras qué creéis?
