Tarde o temprano tenía que pasar, llevo toda la vida siendo gorda, es una palabra que tengo más que asumida. Desde bien pequeña me decían que lo era, que mis piernas no eran normales, y me puteaban día tras día en el colegio. Hasta que llegó la ESO. Adelgacé, adelgacé muchísimo, entrando en una talla 36, algo que no ha vuelto a pasar jamás.
Hace unos días, tras el reconocimiento médico del trabajo y en el posterior informe médico, ahí estaba, la palabra que me retumba en la cabeza desde entonces «obesidad». Siempre he tenido pánico a la báscula, de hecho, controlo mi peso dependiendo de lo grande o pequeña que me quede la ropa. A día de hoy conozco mi peso, 85kg. Según los médicos de la mutua soy obesa, según mi médico de cabecera también, y por supuesto, también para la enfermera. Ésta última, a parte de darme una de las conocidas dietas de 1500 calorías, me imprimió unas hojas sobre la obesidad, como prevenirla y sobre hábitos alimenticios… añadiendo que por la medicación que estoy tomando por ansiedad y depresión, va a ser difícil bajar de peso, como mucho conseguiré mantenerme…
Gorda, esa palabra que me costó tantos años aceptar, y ahora ocurre lo mismo con obesa… Para rematar, cuando se lo conté a mi novio, me dice: «bueno, sólo es coger nuevos hábitos, ya sabes que tenías que perder un poco de peso». Gracias cariño, esas son justamente las palabras que necesitaba oír. Me he vuelto a hundir… y me veo tocando fondo de nuevo.
Han desaparecido mis ganas de ir a la playa, piscina o cualquier entorno que signifique quitarme mis pantalones largos y camisetas y que se vea algo de mi… una cosa tan ridícula como ponerme camisetas de tirantes, vestidos, faldas, me costó años hacerlo. Odio mis piernas y mis brazos desde que tengo uso de razón, pero lo hice gracias a WLS y todas sus colaboradoras. Vuelvo a taparme, vuelvo a odiarme, vuelvo a evitar no mirarme en los espejos…