Bueno…siempre he querido contar esta historia a alguien y nunca he sabido dónde hacerlo sin sentirme demasiado juzgada, pero necesito vomitarlo. Ahí va:
Hará casi tres años y después de haberlo dejado con mi pareja después de un largo tiempo (descubrí que se fue con otra), gracias a la baja autoestima que eso me provocó, me instalé Tinder en el móvil para asegurarme de que el dicho de “hay más peces en el mar” es cierto. Hasta aquí todo bien. Un poquito de cariño provenga de donde provenga no hace daño a nadie.
Me llevé varias decepciones con muchos de los “matches” que hice, hasta que POR FIN, parecía que había encontrado a un chico de lo más normal del mundo; unos años mayor que yo, acababa de dejarlo con su pareja, problemas de autoestima por su peso, problemas familiares…pero oye, el encanto en persona. Inteligente como el que más, por sus fotos pude ver que era muy mi prototipo y su personalidad me acabó de conquistar.
Uno de los problemas que encontré era la distancia. Vivía a una hora de mi casa y no solía venir mucho por dónde yo vivo (yo no tenía muchos medios para desplazarme tampoco), pero eso no quitó que siguieramos hablando como si nos conociéramos de toda la vida. Me gustaba de verdad, y yo le gustaba a él.
Tras meses viéndonos por fotos en redes sociales, skype y demás, él encontró un trabajo en mi ciudad, logró superar sus problemas con el peso y pude comprobar cómo iba “renaciendo” de sus cenizas. Me alegré como la que más. Hasta que soltó la pregunta: ya toca vernos, ¿no?
Sentí pánico.
Mucho pánico.
Me di cuenta de que esa chica mona rubita que no le importaba lo que dijeran de ella no existe. Él, sin haberme visto en persona, me decía lo mucho que le gustban mis ojos, ni nariz, mi sentido del humor, etc. De todos modos, nunca fue excesivamente dulce, algo que me atraía más hacia él. Me decía algo bueno sobre mí = me lo creía. Alimentaba a la chica de detrás de la pantalla, pero no a la real. Toda la confianza que él me brindaba se esfumó. Me di cuenta que no tenía nada que ofrecerle. No podía ofrecerle nada.
Soy una chica que no destaca por ser guapa, ni tener un cuerpo bonito, ni nada que me haga resaltar. Me arreglo, me maquillo, hago todo lo posible para gustarme, pero ahí me di cuenta que me había estado engañando a mí misma y a este pobre chico.
Detrás de una cámara no se perciben los muchos complejos que me atormentan y que a día de hoy me hacen pensar: nunca le vas a gustar en persona/ te va a rechazar/ has perdido el tiempo/ otro desamor/ etc.
Soy fotogénica y él posee mis mejores fotos, y luego está la realidad. No me gusto, no me acepto. En las fotos no pueden apreciarse mis muchos kilos de más. El peso, el puto peso. Él no sabe mi peso, además de otros muchísimos defectos físicos que tengo que si nombro el post se haría aún más eterno.
El peor momento de todos y el más vergonzoso fue cuando una vez me lo crucé por la calle y no me reconoció. Fui incapaz de decirle nada de la vergüenza que sentí y el me habló esa misma noche como siempre, sin haberse percatado de nuestro “encuentro”. Creo que no tengo nada que ver con lo que él ha ido imaginando a través de las fotos.
Todo esto no lo sabe.
Hace ya un tiempo que dejé de hablar con él. Entiendo que tras mucho insistir uno se cansa y no le culpo. Sé que he dejado marchar al que posiblemente sea el chico más afín a mí con el que he topado nunca por mi personalidad autodestructiva, por mi miedo. Y no puedo ponerle remedio a día de hoy.
Gracias a todxs los que me hayan leído, es largo pero necesitaba contarlo.