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    Del abuso de poder en el trabajo y otros demonios

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    Hoy vengo a contaros una historia que recientemente le ha sucedido a una de mis mejores amigas y de la que nos hemos reído bastante, pero que en otras circunstancias hubiera sido totalmente diferente. Voy al lío.

    Mi amiga lleva unos pocos meses trabajando en una empresa de algo que no es lo suyo (ni remotamente, pero no se vive del aire). El otro día me comentó que un compañero de trabajo -a quien vamos a llamar Jorge- le había dado su WhatsApp, compañero con el que tienen una cordial relación, pero nada más. Esa misma noche, Jorge le escribe a mi amiga para decirle que “pensaba que quería su número para más cosas”. Mi amiga se hace un poco la sueca y le felicita porque resulta que es el cumple del chaval, pero el chico se pone en modo borde agilipollado. Entonces mi amiga le pregunta que qué puto problema tiene qué le pasa y Jorge le recrimina que ella le ha dejado en visto y no le habla (Todo muy maduro y lógico, ok, sí). Finalmente, ella le dice de buenas que es que no sabe de qué quiere hablar y él le dice que “de nosotros”. Mi amiga no entiende a qué se refiere y el gilipollas chico sentencia con un:

    -“Déjalo, ya veo que me das largas”.

    A partir de entonces, Jorge, durante las horas de trabajo, ha sido borde con ella y no le ha dirigido la palabra, a pesar de que ella le ha preguntado que si estaba molesto y cuál era la razón.

    En primer lugar, un pin y un fuerte aplauso para Jorge, que tardó horas en darse cuenta de que mi amiga no estaba en absoluto interesada en él. Ahora vamos a la cuestión de la que venía a hablaros.

    A mí y a mis amigos este tema nos ha divertido mucho, principalmente por que el chico no debe ser un genio precisamente y por su insistencia. Ahora bien, como os he dicho, Jorge es un compañero en el mismo rango que mi amiga, joven como nosotras y sin ninguna experiencia. Mi amiga, además, está trabajando allí aunque no es el sueño de su vida, y podría perfectamente buscar un trabajo similar en otra empresa.

    Pero, ¿y si Jorge fuera el jefe de mi amiga? ¿y si pudiera chantajearla con despedirla? ¿y si ella sí que valorase su puesto allí o necesitase el dinero y él pudiera ofrecerle un aumento en el sueldo, un puesto de responsabilidad o un ascenso? Entonces, seguramente, mi amiga hubiera tenido que tragar y haber mantenido la conversación en vez de darle puerta.

    Si volvemos al principio, vemos que Jorge ha intentado hacer sentir mal a mi amiga por no corresponderle, sin ni siquiera un tonteo previo, un flirteo, NADA. En resumen, se ha victimizado y enfadado hasta el punto de dejar de hablarle simplemente por eso, porque mi amiga le ha rechazado de forma sutil y desde el principio, y eso amigas, es violencia psicológica porque busca hacer daño (y con suerte, que mi amiga se sienta mal y acceda a hablar con él o tontear).

    Así pues, cuando penséis que estas cosas no pasan, que es fácil evitar estas situaciones o que vosotras hubierais dicho que no o lo hubierais parado, pensad en Jorge y cómo su intento de abuso de poder y machismo quedó en nada porque no era el gerente de la empresa, sino un empleado más.

    ALH

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    Este post está escrito por un colaborador puntual de WeLoversize. Si tienes algo interesante que contarle al mundo, puedes enviarnos tu textos y propuestas a [email protected]

    

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