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    Te he mandado un guasap, ¿por qué llamas?, ¿por qué?

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    Hablar por teléfono está sobrevalorado. Tengo que tener muchísima confianza con la persona al otro lado de la pantalla para sentirme cómoda al hablar sin verla porque me resulta extraña la sensación de estar y a la vez no estar. Pero no os confundáis: no es que no me guste hablar –de hecho, me encanta– pero en persona… o por chat: ¡escribo a la velocidad del rayo!

    Sé que esos a los que tampoco os gusta hablar por teléfono, me entenderéis, porque no puedo estar sola en esto. Hay situaciones que nos desesperan a muchos, seguro.

    • Amigos y familiares insisten en llamar por teléfono. Ignoro la llamada o cuelgo según la confianza… y mando un guasap. Evito dar explicaciones de por qué no he contestado. Pero si alguien pregunta, tengo una colección de excusas para elegir según el momento. Un número privado u oculto no tiene ninguna oportunidad conmigo: jamás contestaré.
    no contestar a número oculto

    ¡Ah, se siente!

    • Rara vez devuelvo una llamada perdida. Y no, no es por no pagar la llamada porque todos los meses me sobran minutos del plan móvil y aún no he conseguido que me los canjeen por datos. Y, como muestra de que no es racanería, confesaré que a quien no gasta guasap –hola, papá– le mando sms de pago. ¡Soy una rebelde!
    • En el mundo cita, creía que estaba a salvo con los chats de las aplicaciones pero no… Hay tíos que no quedaban conmigo si antes no habíamos hablado por teléfono, ¡lo juro! Entiendo que percibes otras sensaciones de la persona, que puedes identificar matices y filtrar si te interesa o no pero, de verdad, no recuerdo nada más incómodo que una primera conversación en la cola del Consum…

    odio hablar por teléfono

    • Sexo telefónico, ¿en serio? ¡Menudo corte de rollo!
    • Puedo pasar semanas sin oír la voz de una pareja si no podemos quedar. Y no, no echo de menos escuchar su voz y lo que hace mientras habla conmigo porque, señores y señoras, la confianza da asco. Nada más que añadir.

    odiar-telefono-golpes

    • Arrepentirme por llamar a quien no debo una noche de borrachera no es algo de lo que tenga que preocuparme. Simplemente no va a pasar.
    • Hay momentos en los que no puedo hablar, que no me apetece o que me pilla ocupada… Mientras intento no perder la concentración, pienso Joder, cuelga ya y manda un mensaje. Respiro aliviada cuando para pero, antes de que me dejen alcanzar el clímax terminar la tarea que me tenía ocupada, insisten.

    ¡Joder, que mandes un puto mensaje!

    • «Yo es que escribo muy lento» es una excusa de vagos que prefieren llamar por comodidad y no perseveran en el arte de la escritura táctil. Mucho menos desde que aparecieron los puñeteros audios, ¡¿qué necesidad había?!

    odio los audios del guasap

    • Pedir por internet siempre es la primera opción: reservar entradas, pedir pizza o chino. ¿Quién quiere hablar por teléfono si se puede elegir lo que quieres con un simple clic? Si somos varios, siempre hago que llame otro porque tampoco me va hablar por teléfono delante de otras personas. Por eso no contesto cuando voy en el bus o el tren, ni en la cola de correos ni en la calle…
    • No hablo por teléfono salvo que no tenga otro remedio. La gente se sorprende de que pueda hacerlo y hasta que sea simpática. ¡Claro que puedo! Pero me supone un esfuerzo que simplemente prefiero evitar.

    colgar-telefono-idiota

    Y bueno, ya sabes, si quieres algo de mí, mejor me escribes. 😉

    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Teresa Díaz

    Mujer libre y responsable de sí misma la mayor parte del tiempo. Bruja feminista a mucha honra. Me gano la vida como periodista y diseñadora gráfica en www.teresadiaz.com. Cada día trato de tener, al menos, un momento bonito y dar gracias por ello.

    

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