¡Yo antes pensaba que lo difícil de tener hijos era criarlos bien. Ahora sé que lo realmente complicado es sobrevivir al día a día.
No sé si criar a mis hijos me está matando… pero desde luego me está quitando años de vida. A ver, que no digo que ahora mismo mi vida sea una tragedia como consecuencia de estar criando a dos hijos, pero que es un desgaste continuo no se puede negar.
Por ejemplo, mi día a día está lleno de ruido constante y miles de interrupciones. Mamá, esto. Mamá, lo otro…. Es que ni estando en el baño dejan de pedirme cosas. Y las peleas entre ellos están a la orden del día. Por todo, por nada. Se han llegado a pelear por cosas que no existen. No recuerdo la última vez que gocé de cinco minutos seguidos de silencio en mi propia casa. Ni una.
Lo de dormir un mínimo de seis horas seguidas es un deporte que hace años que no practico. Y tener un rato de descanso es misión imposible desde que me levanto hasta que me acuesto. Ahora mismo me conformaría con poder estar dos minutos sentada sin que nadie me hablase.
Luego está la manía que tienen de convertir cualquier cosa, cualquier actividad de la vida diaria, en una batalla entre ellos y yo. No sé cuántas veces a lo largo de la tarde puedo llegar a pedir que se duchen. O cuántas veces les tengo que insistir para que no se entretengan mientras comen. O simplemente que se vistan para ir al colegio, porque en pijama no se puede ir. Una batalla tras otra y con la sensación de estar perdiendo una guerra en lo que no me parece tener fuerzas suficientes para seguir.
Que hay que negociar, dicen los expertos en la crianza infantil, para conseguir que hagan lo que quieres. Hacer pequeñas concesiones para conseguir resultados. Madre mía, si negocio más con mis hijos que en un consejo de ministros. Estoy firmemente convencida de que para poder ser madre deberías tener estudios diplomáticos como mínimo. Tanta negociación y tanta leche.
Y hay veces que no sirve de nada. Tú cedes en algo y pides que ellos cedan en otro algo. Pero no, eso no. Ellos han venido a este mundo a exigir. Y como te cuadres, vienen los lloros, las quejas, los enfados. Y todo se convierte en un problema de dimensiones épicas.
A eso, súmale mi pérdida de identidad. Yo ya no soy yo, sólo soy mamá 24/7. Era antes que tenía nombre. Ahora sólo tengo demandas y mi personalidad se basa en resolver conflictos.
Soy consciente de que esto sólo es una etapa, que es temporal, pero ahora mismo vivo agotada. Y los quiero más que a nada en este mundo, pero si algún día desaparezco, buscad debajo de una montaña de juguetes, que me habré metido allí en busca de mis cinco minutos ansiados de silencio.
Sí, ya sé que no explico nada nuevo. Nada raro. Pero chicas, os juro que necesitaba desahogarme un ratito. Gracias por la terapia. Sois las mejores.
