Trabajo como educadora en una escuela infantil desde hace años. Estoy con niños de hasta 3 años y adoro mi trabajo. Los niños ríen, lloran, se caen, te abrazan, se pelean entre ellos por un juguete o te sorprenden con una palabra nueva que han aprendido. Es un oficio muy gratificante: estás enseñando a los adultos del futuro.

Pero lo más difícil de mi trabajo, sin duda, es lidiar con los padres. A veces me río mucho, y otras me indigno. Porque tú puedes estudiar Magisterio, hacer cursos de pedagogía Montessori, leer sobre neurodesarrollo… pero jamás estarás preparada para enfrentarte a las ocurrencias de estos papás, que muchas veces se creen que sus hijos son únicos y exclusivos.

Hoy os vengo a contar las cosas más locas que yo me he encontrado: las demandas más creativas que me han pedido. Porque otra cosa no, pero estos papás millennials creativos lo son un rato.

La mamá antes muerta que sencilla

Lo de la ropa de cambio para llevar al cole es todo un mundo. Ya me he encontrado con varias mamás que te dejan la ropa de su retoño perfectamente conjuntada, etiquetada y metida en bolsas individuales. Y luego quieren que, si su hija se hace caca encima, le cambies hasta los calcetines, que para eso te ha puesto los verdes con el chándal verde en su bolsita correspondiente.

Pues mira, si la niña se mancha la camiseta, le pongo la primera que pille de la mochila. No voy a cambiarla entera si solo se ha ensuciado una prenda, por muy conjuntada que deba ir. Lo siento.

Pues esa madre, cuando llega a las 4 de la tarde a recoger a la niña y la ve con la camiseta de lunares y el pantalón de cuadros, se indigna y te dice que ya podías haberle puesto el pantalón que va con esa camiseta, que no te cuesta nada cambiarla entera.

La mamá que manda al niño hecho un pordiosero

Luego está el otro extremo: la mamá que aprovecha la ropa al máximo. Te manda al niño con pantalones rotos o con una sudadera que ya tiene tres nombres tachados de otros niños, más el suyo. Cuatro generaciones han usado ya esa prenda.

Estas son de las que piensan que como en el cole se va a manchar, pues que vaya con la ropa más zarrapastrosa que tienen.  Y la buena se deja para los sábados y domingos.

El papá de los trucos

Es el que te explica con pelos y señales lo que tienes que hacer con su retoño para que coma bien o quiera hacer pis en el orinal. Tiene trucos para todo, como un mago.

Un día nos vino con que el niño decía que el váter del cole era muy feo, que si no podíamos poner algo para que el niño quisiera sentarse allí. Que estaba aprendiendo a dejar el pañal y era súper importante que el váter le pareciera agradable. Que ellos en casa le ponían un lazo alrededor de la taza. Mis compañeras y yo nos echamos unas risas cuando se fue.

La mamá que decidió quitarle el pañal a su hija y no me lo dijo

Ya que estamos con el tema de dejar el pañal… La última vez que estuve con niños de 2 a 3 años me pasó de todo, pero lo mejor (y más escatológico) fue la mamá que decidió comenzar la operación pañal sin avisarme… y sin contar tampoco con su hija.

Era junio, hacía mucho calor. La niña vino con un vestido, braguitas y sin pañal, como descubrimos después. Se subió al tobogán, suponemos que con una plasta recién hecha, y se deslizó dejando un bonito reguero de mierda por todo el tobogán.

El papá de las clases extraescolares

Nos viene un día uno y nos dice que los lunes el niño va a matronatación, que si podemos ponerle el pañal para el agua y el bañador, para que él lo recoja ya cambiado, que así se van directos desde la escuela a la piscina.

Ah, claro. Porque no tengo otros 13 niños a los que atender, y si cedo a tus peticiones, tendría que hacer lo que me pidieran las otras 13 familias. ¿Qué será lo próximo? ¿Hazle un moño a mi hija, que luego me la llevo a ballet?

La mamá que me trajo la mochila de porteo

Y esta se lleva el premio. La mamá primeriza, con un bebé de 6 meses que se incorporaba a la escuela porque ella volvía al trabajo, me trajo una mochila de porteo porque su peque no dormía en otro sitio. ¿Me ve cara de canguro marsupial?

Y también pretendía traerme una pelota de pilates para que me sentara allí a dar botecitos con el bebé pegado, porque era la única manera de relajar al crío para que cogiera el sueño.

Le tuve que explicar que había más niños en el aula y que yo no estaba disponible exclusivamente para su hijo. No le sentó muy bien. Es que ya me parece el colmo. Lo siguiente que me van a pedir es que le dé la teta al niño porque solo toma leche materna y el biberón no lo quiere.

A pesar de todo, hay que decirlo: nos reímos mucho. Las ideas que tienen los papás forman parte del folclore educativo. Y al final del día, aunque haya momentos en los que fantaseas con dejarlo todo y ponerte a trabajar de cualquier otra cosa, recuerdas por qué estás ahí. Porque, por cada madre que te pide milagros y cosas imposibles, hay otra que te agradece con lágrimas que su hijo entre feliz cada mañana.