Cultura

20 años de lecciones con Sexo en Nueva York

20 años no son nada, o eso decía la fabulosa Samantha en la última temporada de Sexo en Nueva York para celebrar las dos décadas de amistad que habían compartido en la ficción. Y recalco ficción porque luego nos enteramos de que besties nada de nada, de hecho Sarah Jessica Parker (Carrie Bradshaw en la serie) y Kim Cattrall (Samantha) acabaron como el rosario de la Aurora. Pero oye, que hoy estamos de cumpleaños y yo he venido aquí a hablar de la serie.

2.860 minutos de sexo en la Gran manzana

Hace dos décadas que se estrenó el primer capítulo de la serie que duró 6 años, a temporada por año y a disgustos y enamoramientos por sus 94 capítulos. Si nos pusiésemos a verla de un tirón nos la habríamos acabado en 2 días, 47 horas para ser exactas.

¿Me estás diciendo que la serie que más quebraderos de cabeza femeninos me ha traído dura tan poco? Como lo leéis, ahora me da menos remordimiento preparar un maratón y volvérmela a ver por quinta o sexta vez. Y ya si eso al tercer día me pongo las dos películas que rodaron a posteriori mientras me paseo por mi salón con un tutú y simulo que las cuñas del Primark son en realidad unos Manolo Blahnik que sólo me han costado dos meses de alquiler.

¡Quiero ser como ellas!

Y es que si algo nos enseñó la serie fue a soñar a lo grande, tan grande casi como los rascacielos bajo los que correteaban las protagonistas. Soñar por ejemplo con que por mucho que comieses no engordabas un gramo. Por favor, que siempre estaban comiendo y a mí me daba tanta ansia que a día de hoy escucho la musiquita del principio y me pongo a salivar como los perros de Pávlov.

Y no comían poco eh, que las tías quedaban todas las semanas y a veces varios días. Ingenua de mí creía que mi vida de “adulta” sería igual, viendo a mis amigas para ir a exposiciones, comprando bolsos caros y desayunando cupcakes (lo de gorda no puedo disimularlo) los días pares.

Pero lo que sin duda más esperaba vivir eran todas esas historias de amor y desamor de las que se reían entre cosmopolitan y cosmopolitan. Y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que la serie fue un reflejo bastante acertado de lo que nos íbamos a encontrar años después: relaciones muy lejos de ser idílicas, novios que no te dan lo que esperas, parejas que te quieren más de lo que tú a ellas, celos, infidelidades, discusiones tontas que terminan con la mejor historia hasta el momento… Vamos el foro de Weloversize en estado puro. Sexo en Nueva York no era Disney y aunque en algunas historias forzaron el “vivieron felices” en cada capítulo se veía que planear tu vida estaba de más y que si algo tenía que pasar (o alguien, por tu cama mismamente) lo acabaría haciendo.

Feminismo y sororidad en los 2000

Hay muchos que han hablado de lo feminista que era la serie y sí, sobre todo el personaje de Cintya Nixon, Miranda Hobbes, que nos enseñó a luchar por la igualdad tanto en el terreno laboral como en el personal. Pero si algo resalto de la serie es la falta de prejuicios entre ellas mismas, el respeto por el estilo de vida que había decidido llevar cada una y el apoyo que se muestran aunque no estén de acuerdo con las decisiones tomadas. Eso es amistad entre mujeres y el motivo por el que merece la pena volver a verla ¡que son dos días de nada!

 

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