Vale, antes de empezar a que me acribilléis a reproches sobre las medidas de seguridad os tengo que decir una cosa: en mi pueblo ha habido un total de CERO contagiados, sé que eso no es excusa para no llevar cuidado, pero desde luego que la pandemia aquí en mi tierra no se está llevando igual que en las grandes ciudades. ¿Nos ponemos mascarilla? Sí. ¿Nos permitimos más libertades? También.

El caso es que durante el tiempo de confinamiento, como todo hijo de vecino, empecé a tontear con mi vecino. Que no es un chaval que me llamara la atención especialmente, pero yo qué sé, ya no me daba la cabeza para más sudokus. Así que nada, con la tontería de que los dos tenemos perro y no había excusa en casa para no poder sacarlo a pasear, nos encontramos varias veces y nos dedicamos a sacar a nuestros animales todas las noches, siempre con mascarilla y distancia de seguridad.

Pues eso que dicen de que el roce hace el cariño, va a ser verdad, a base de hablar y hablar durante horas todas las noches, pues mira, como que me empezó a picar la almeja cuando lo veía y mi satisfyer casi se tatúa su cara porque madre mía, la de veces que me llegué a tocar pensando en cómo follaríamos por primera vez. 

Imaginé cosas de todo tipo, desde nuestros portales, hasta en un secarral en plena noche, pasando por mi cama, su piscina y la biblioteca pública. Soñar es gratis. Pues nada más lejos de la realidad, queridas mías.

El caso es que el chaval viene a ser lo que se dice un poco hipocondríaco y cuanto más terreno físico se reducía entre nosotros, más ampliaba él las medidas de seguridad. La primera vez que me dio la mano literalmente se la desinfectó dos veces antes, ¿con arte y disimulo? Sí, pero lo hizo. Que la policía no es tonta, el caso es que le dije que me parecía muy mono y que era genial que se lo tomara tan en serio. Nadie sabía hasta qué punto.

Pues nada, ya empezamos a ir de la mano, sextexteamos muchísimo por whatsapp, yo nos habíamos mandado fotos guarrosas de todas las partes de nuestro cuerpo y ni siquiera nos habíamos besado. El caso es que cuando quedábamos para pasear a los perros, siempre nos sentábamos en un banco y los dejábamos correr por una zona de parque, ahí es donde siempre pasaba todo. El caso es que ninguna noche nos pusimos cerdos hablando de nada, siempre era todo por redes sociales, hasta aquella noche.

Ya no había confinamiento, mi pueblo estaba en fase 2, ya había bares, misa y de todo. Pues estando ahí hablando en nuestro banco, de repente coge el modosito y me suelta ‘necesito comerte el coño’. Yo casi me atraganto y me ahogo con la mascarilla así en medio segundo, me quedó mirándolo y me estaba atravesando con la puta mirada. Real que jamás me he sentido más deseada en vida entera. Nos quedamos unos segundos desnudándonos con los ojos, recorto la distancia entre nosotros, yo estaba esperando a que se quitara la mascarilla para quitármela yo después (no iba a dar yo el primer paso al respecto, que el hipocondríaco es él), cuando coge mi colega y empieza a restregar su mascarilla contra mía (???)

El caso es que no hubo beso, solo mis ojos de flipar, porque claro, tampoco se me podía ver el resto de la cara PORQUE SEGUÍA CON LA PUTA MASCARILLA PUESTA. El chaval se empieza a encender, yo empiezo a alucinar, sigue con su mascarilla restregándose por mi cuello, metiéndome mano por debajo de la camiseta, por encima del pantalón, empieza a refrotarme la lámpara mágica con sus dedos y fíjate, que hasta consiguió que se me olvidara que me estaba tocando el coño antes de besarme.

Pues nada, yo me pongo cachonda, él estaba más duro que el dedo de la estatua de Cristobal Colón apuntando a donde coño esté América y chica, una se adapta a todo, hasta a la pandemia si hace falta, allá que empecé a meterle mano y a hacerle una gayola por encima del chándal. Cuando de repente, coge mi querido vecino (esto no os lo veis venir), se saca del bolsillo un gel hidroalcohólico, me lo pone en las manos, yo evidentemente me las restriego a modo de lavado, se abre el pantalón y el calzoncillo, me coge la mano Y LA PONE ALREDEDOR DE SU CIPOTE. 

QUE ME DESINFECTÓ LA MANO PARA QUE LE COGIERA EL RABO

Flipar, flipé, sí. ¿Pero paré? Pues evidentemente no. Mientras le pajeaba en un puto banco al aire libre, mi colegui hizo lo propio, se desinfecto las manos y se puso a trabajar en mi mina. El caso es que yo medio me pongo encendía perdía, empiezo a respirar fuerte, mi perra se preocupa y se sube encima de mi MIENTRAS EMPIEZA A GRUÑIRLE A ÉL.

Es que por favor, necesito que hagáis el esfuerzo de imaginaros la escena, los dos con mascarilla, en un parque, a las dos de la mañana, yo con la mano en su rabo y él con la suya en mi coño, mi perra subida encima, gruñiéndole como una gorila, el gel hidroalcohólico en el suelo y su perro viniendo corriendo a encararse a la mía por reñirle a su dueño. Y yo sin poder respirar porque mi madre me cosió un pañal a dos cuerdas en lugar de una puta mascarilla normal y corriente. UN CUADRO DE PICASSO TIRANDO A LO CORTO.

Evidentemente se corta el rollo, nos ponemos de pié, SE DESINFECTA OTRA VEZ LAS MANOS, me da el bote para que haga lo propio, me agarra y empieza a andar SUPER deprisa, le pregunto que a dónde vamos y me dice que a la casa de su abuela, que nadie vive ya allí porque la mujer se mudó con ellos durante la cuarentena.

Pues nada, allá que vamos los dos, con los perros, a la casa de abuela, que era casa de abuela de verdad, de pueblo interior. Con sus varios Jesuses, sus varias Vírgenes, sus setenta figuritas, su olor característico, sus manteles de ganchillo en todas partes y todo lo propio. Nos vamos a una habitación que daba mucho mal rollo, cierra la puerta, deja a los perros fuera y yo y mi chocho pensamos: POR FIN. 

Con la esperanza de, definitivamente, verle sin mascarilla y comerle la boca como dios (presente en el cuarto) manda. Pues no, coge mi colega, me empieza a desnudar, no se quita la mascarilla, yo evidentemente tampoco lo hago, con arte y maestría me mete los dedos hasta las trompas de falopio y me retuerzo de placer y, cosas de la vida, de repente en mi mente veo a las gitanas de tiktok cantando ‘EL CORONAVIRUS, EL CORONAVIRUS, TE ENTRA POR EL COÑO Y YA TIENE EL VIRUS’.

Cosas que pasan mientras follas y jamás entenderás, pues nada, ahí estaba yo con mi goce acompañado de palmas flamencas, con los ojos cerrados cuando de repente lo noto, noto su cara en mi parrús y claro, tengo que abrir los ojos porque yo eso no me lo pierdo… Ojalá me lo hubiera perdido, EMPEZÓ A TOCARME EL CLÍTORIS CON LA FRENTE POR NO QUITARSE LA MASCARILLA. OS LO JURO PORQUE ME MUERA AQUÍ MISMO.

Yo estaba FLIPANDO, pero es que claro, yo tampoco me quité la mía. Ahí tenía al miura entre las piernas, rozando todo lo que es de nariz para arriba contra mi chocho y qué queréis que os diga… Me haría la digna, pero no lo voy a hacer: ESTABA CERDÍSIMA Y ME ESTABA PONIENDO MUCHÍSIMO LO QUE HACÍA.

Así que nada, cogí las riendas, le saqué la polla, se sacó un condón, se lo puse, me la metí dentro y eché uno de los mejores polvos de mi vida mientras su perro y el mío nos ladraban como energúmenos y arañaban toda la puerta de la casa de su santa abuela.

Terminamos me besó la frente con la mascarilla, me acompañó a casa, nos despedimos con un apretón de manos y aquí paz y después gloria.

 

Anónimo

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