A largo y ancho de Pangea podemos encontrar sujetos llamados introvertus comunis. Unos seres huraños y asustadizos que suelen encontrarse entre sábanas, debido a su terrible anti-sociabilidad. Ahí, agazapados, netflix&chilling, moran libres y felices, rechazando encuentros sociales con sus conocidos alegando “cansancio” y “muchas cosas que hacer”.

 

Muy de vez en cuando, un introvertido doméstico sale de su morada en busca, tal vez, de normalidad, o de algo de comer en el Mercadona, y se da cuenta de que el mundo es salvaje y da un miedo que te cagas cuando no sabes cómo hablar con alguien sin dudar de cómo saludar.

 

«Por dios, qué vergüenza, he dicho ‘Adiós’ y ella me ha dicho ‘Hola’. ¿Se habrá pensado que soy una maleducada que no quiere hablar con ella?»

Ante lo incómodo del saludo, optará normalmente por dos técnicas muy diferenciadas: el “Oh, un fantasma me llama al móvil” o a la huida furtiva. Ambas son unas técnicas peligrosas, usadas siempre en caso de extremo peligro, ya que , por ejemplo, una huida de poca calidad puede desembocar de golpe en un encontronazo face to face, en el que el introvertido común ha de fingir sorpresa:

A veces, quizás por aturdimiento mental o por obligación social, un introvertido puede aceptar asistir a un evento social, mundialmente conocido como FIESTA, donde solo conoce a dos o tres personas, a las que se aferrará como Simple Plan a las canciones sobre la adolescencia: como si fueran lo último que hay en el mundo.

En este terreno hostil, el introvertido intentará camuflarse a un lado de su compañero de evento, intentando mantener una conversación con gente que no conoce como medida de supervivencia, aunque no sepa qué es lo último que ha pasado en OT. Para sentirse integrado, pero no participar, aplicará la técnica de la sonrisa gatuna:

Al final, como seres domésticos que son, volverán a su morada temprano, realizando la técnica de la bomba de humo clásica para así no tener que despedirse de nadie, mientras rezan por llegar a casa, ponerse el pijama, y no volver a salir hasta dentro de, por lo menos, un año.