¡Aviso! Este post es puramente superficial y está escrito en tono de humor. Antes de que nadie venga con el cuento, prefiero aclarar desde ya que sé que hay más aspectos a considerar en el género masculino además de su vello facial.

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Por el bien de mi cutis

Asumo que todas las que aclaman y veneran las barbas como animal de compañía en sus relaciones de pareja comparten como característica una piel dura y resistente. Bien, no es mi caso. Cuando beso a un hombre con barba (sí, he besado a más de uno, soy de las que piensan que para renegar de un producto hay que probarlo primero) mi piel se irrita, se enrojece y me salen mil granitos. Ni rastro de la suavidad de la que hablan algunas, y sí de un montón de problemas faciales de los que prefiero prescindir.

Porque me gusta ver la cara de mi pareja

Sí, ya sé la teoría: si tapamos la cara de los feos con pelo parecerán más guapos, y así todas podremos estar con chicos guapos y ser felices y comer perd… NO. Guapo o feo, exijo mi derecho a saber quién se esconde tras la mullida capa de vello facial que me separa de mi pretendiente.

 

Barbas y sexo, mala combinación

Voy a omitir el pequeño detalle de que me entra urticaria solo de pensar en una de esas barbas de hipster-leñador recorriendo mi cuerpo desnudo. Me centraré, sin embargo, en el mundo de las barbas y el sexo oral. Y es que una de  mis fobias más recurrentes no es otra que la de pensar en una barba llena de los fluidos propios de un cunnilingus bien hecho. Si ya con una cara afeitada resulta complicado el momento de después y es recomendable tener un paquete de clínex en la mesilla…¡¡ no sé cómo os las arreglais con una frondosa barba de por medio!!

Aumenta la masculinidad… o no

Cuenta la leyenda que los hombres con barba resultan más masculinos y viriles que los afeitados. Sin embargo, muchas sabemos que hay pocas cosas más sexys que un hombre afeitado que resulta verdaderamente masculino gracias a sus gestos, actitudes y carisma. Me atrevería a decir, de hecho, que igual que las barbas hacen parecer guapos a los menos agraciados, generan sensación de masculinidad en quien no la tiene de forma inherente.

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Sí, cariño, estoy hablando de ti.

Dan aspecto de suciedad

Que no os engañen: por mucho que se laven la barba a conciencia por las mañanas y le echen todos los productos del mundo, esos amasijos de pelo en la cara son un nido de porquería. Suciedad del aire, restos de comida, polvo, insectos, mocos (vale, vale, igual estoy exagerando un poco) y todo tipo de elementos externos pueden encontrar en una barba el lugar perfecto para instalarse. Yo digo no, gracias.

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Ya sabéis, chicas… si queréis una relación de pareja limpia, transparente, que no os estropee la piel y en la que podáis decir que conocéis la cara de vuestro novio, amante o lío de una noche…. decid conmigo ¡#noalasbarbas !